LA AGENDA DEMOCRÁTICA LATINOAMERICANA, 1979 - 2009

Diciembre 2010
Revista Argumentos del IEP
Martín Tanaka

En 2009 se cumplen en la región treinta años del inicio de lo que Samuel Huntington llamó la “tercera ola democratizadora”, un periodo en el cual todos nuestros países (salvo Cuba) dejaron regímenes dictatoriales y adoptaron modelos democráticos.1 La “ola” empezó en Ecuador en 1979 y terminó en Chile en 1989, y podemos estar satisfechos de haber logrado el más largo periodo democrático sin interrupciones mayores de nuestra historia, que permite abrigar esperanzas de asentar una tradición democrática. Este texto esboza un balance general de estos treinta años, y plantea los desafíos actuales más importantes.

Los años ochenta y noventa

En la década de los años ochenta, los debates atendían los problemas asociados a una “doble transición” en nuestros países: de un lado, la transición a la democracia, donde el análisis se centraba en la herencia dejada por los gobiernos autoritarios salientes y, del otro, la transición de modelos económicos “estado-céntricos” hacia otro en el que los mercados y agentes privados adquieren el papel central.2 Con los años, el peso de las Fuerzas Armadas en las decisiones políticas pasó a un segundo plano, y todos nuestros países adoptaron, con más o menos énfasis y convicción, el sentido común del “Consenso de Washington”. La inviabilidad de las políticas basadas en la centralidad del Estado, expresadas en recesión, déficits fiscales, procesos inflacionarios e hiperinflacionarios, hizo que prácticamente todos nuestros países, con mayor o menor convicción e intensidad, adoptaran políticas basadas en la iniciativa privada y en el funcionamiento de mecanismos de mercado.3

podemos estar satisfechos de haber logrado el más largo periodo democrático sin interrupciones mayores de nuestra historia, que permite abrigar esperanzas de asentar una tradición democrática.
Sin embargo, la aplicación de estas políticas tuvo elevados costos sociales, que generaron malestar respecto a un régimen político percibido como cerrado, vertical y elitista. Por ello, a lo largo de la década de los años noventa, la agenda en nuestros países estuvo marcada por la necesidad de reformas que renovaran la representación, abrieran espacios a la participación, que acercaran las decisiones públicas a la ciudadanía. Al mismo tiempo, se tomó conciencia de la importancia de llevar a cabo políticas sociales eficaces para compensar los efectos de las políticas de ajuste y la introducción de mecanismos de mercado. Esto se expresó en una ola de reformas institucionales en nuestros países, que pasaron por cambios en los sistemas electorales (tendientes a personalizar el voto frente al peso de los partidos, abrir espacios para candidaturas independientes, de movimientos sociales y de grupos étnicos, bajar las barreras de entrada al sistema político en general), adopción de mecanismos de democracia participativa y directa, procesos de descentralización (con la elección popular de alcaldes y gobernadores); en algunos casos, incluso se llegó a reformas integrales de la Constitución o a la convocatoria de asambleas constituyentes. En cuanto a los costos sociales del ajuste, se pusieron en marcha proyectos de ayuda social focalizada en los grupos más vulnerables y afectados por la reestructuración económica.

A manera de balance general de este intenso reformismo institucional y de las políticas sociales focalizadas podría decirse que una clave para evaluar los resultados de las mismas está en la capacidad de adaptación al nuevo entorno (un rasgo de solidez institucional) tanto de los partidos como del aparato público. En general, las reformas institucionales impusieron exigencias mayores a unos partidos muy debilitados, con lo que al final su situación tendió a agravarse. La lección sería que las reformas deben considerar también medidas para el fortalecimiento de los partidos. No sería casualidad que los países que más apertura tuvieron desestructuraron sus sistemas de partidos (Ecuador, Bolivia), mientras que países que fueron más conservadores han logrado mantenerlos (Chile, México). En cuanto a las políticas sociales, cada vez hay más conciencia de la importancia de la capacidad institucional, burocrática de los Estados, para que ellas tengan resultados; así como del pluralismo político, para evitar que asuman formas clientelísticas.4

Refundación o gradualismo

Con todo, las recetas del “Consenso de Washinton”5 tampoco han logrado consolidarse como un modelo alternativo al estatista. La crisis internacional 1998-2002 y la actual (2009) han puesto en la agenda los límites de la economía de mercado y la necesidad de mayor regulación estatal. La crisis 1998-2002 tuvo efectos muy fuertes sobre nuestros sistemas políticos, y llevó a profundas transformaciones en varios de nuestros países, como Argentina, México, Bolivia o Ecuador. En general, la insatisfacción con las políticas aplicadas en la década de los noventa llevó en los últimos años a un “giro a la izquierda” en la región. En este marco, algunos países fueron más radicales, cuestionaron los límites de la democracia representativa, y buscaron fundar un nuevo orden vía asambleas constituyentes; también rechazaron al neoliberalismo, y propusieron una renovada intervención estatal. Otros países fueron moderados en lo político y buscaron legitimarse siendo más audaces en sus políticas sociales. En la actualidad vivimos un nuevo ciclo electoral que puede confirmar o cambiar nuevamente las agendas de la región. Este año hemos tenido elecciones presidenciales en El Salvador, Panamá, Ecuador, y en los próximos doce meses, las habrá en Uruguay, Honduras, Chile, Bolivia, Costa Rica, Colombia y Brasil. Argentina y Perú recién tendremos elecciones en el 2011, y ciertamente, sus resultados serán marcados por los desenlaces previos.
En general, la insatisfacción con las políticas aplicadas en la década de los noventa llevó en los últimos años a un “giro a la izquierda” en la región. […] En la actualidad vivimos un nuevo ciclo electoral que puede confirmar o cambiar nuevamente las agendas de la región.
Así, en los próximos años evaluaremos la consolidación o los límites de los dos grandes caminos que han seguido nuestros países en los últimos años: en uno, la dinámica política está marcada por la estabilidad, la continuidad en torno al modelo liberal representativo y a la economía de mercado, por un gradualismo en cuanto a correcciones y reformas, por la búsqueda de consensos en torno a grandes políticas de Estado; en el otro, el gradualismo se ve como el mantenimiento de un statu quo conservador y excluyente, por tanto, lo que corresponde es la refundación del orden político en un sentido participativo, y un cambio en el modelo económico, con un renovado protagonismo estatal que fuerce una mejor distribución de la riqueza.

El gradualismo deberá demostrar que asegura mayores beneficios para toda la sociedad en el largo plazo, por lo que es crucial vencer la desconfianza y la impaciencia; uno de los mecanismos para lograrlo es la alternancia ordenada, que permite cambios dentro de una continuidad básica. El caso chileno ilustra bien estos desafíos. La Concertación lleva veinte años en el poder, lo que inevitablemente ha generado desafección política. Un relativo alivio se dio cuando después de diez años de presidentes demócrata cristianos pasamos a presidentes socialistas. Ahora lo que está en agenda es un gobierno de la oposición, ya sea la tradicional (Piñera) o una nueva (Enríquez-Ominami). De lo que se trata es de combatir la sensación de que “no importa por quién vote, todo sigue igual”, pero manteniendo al mismo tiempo la continuidad de algunas políticas fundamentales. Algo similar puede decirse del caso brasileño, con la posibilidad de que el Partido de los Trabajadores pierda la reelección, y gane el candidato del opositor Partido do Movimento Democrático Brasileiro – PDMB, o del caso uruguayo.

En cuanto a los países que han optado por la “refundación” el desafío es demostrar que se trata de un camino viable, tanto en lo político como en lo económico. En cuanto a lo primero, los cambios institucionales han generado polarización e incertidumbre, que han sido medianamente resueltas haciendo valer el carácter mayoritario y hegemónico de esos gobiernos; sin embargo, esto mismo ha generado un ejercicio autoritario, excluyente y arbitrario del poder. ¿Logrará la oposición capitalizar esa situación? De otro lado, la legitimidad de estos proyectos ha dependido en gran medida de la disposición de un gran flujo de recursos, destinados a políticas sociales; pero son países con una alta dependencia de los precios de sus recursos naturales en la economía internacional (Venezuela, Ecuador, Bolivia). ¿Lograrán estos países reducir su dependencia, y utilizar con eficiencia esos recursos? ¿La calidad de sus Estados y de su administración pública lo permitirá? ¿Sus gobiernos promueven el desarrollo de esas capacidades?

¿A quiénes les ha ido mejor?

Si comparamos el camino “gradualista” y el “refundacional”, ¿a qué países les ha ido mejor? Podríamos intentar responder esta pregunta considerando muchos indicadores, uno de ellos es la opinión de los ciudadanos de cada país. Recientemente, la consultora Mitofsky ha difundido datos sobre la aprobación a la gestión de los presidentes de la región, que puede servirnos para abordar con alguna base este tema. En general, los datos sugieren que, a pesar de la crisis internacional, a la región no parece haberle ido tan mal: la aprobación promedio de los presidentes tendió a subir entre finales de 2003 y mediados de 2007, luego bajó hasta mediados de 2008, para luego volver a subir desde entonces. Aparentemente, los cambios en la marea mueven a todos por igual.
parece que la popularidad de los presidentes no depende de que sean de izquierda o derecha, o si siguen caminos gradualistas o refundacionales. Todo indica que la política de cada país marca la pauta.
Esta idea se refuerza al mirar los datos por países: los presidentes más populares de la región son Lula, con 81% de aprobación en el mes 82 de su mandato, seguido por Michelle Bachelet, con 78% en su mes 43, y Uribe, con 70% en su mes 86. Tenemos arriba a dos presidentes socialdemócratas y uno de derecha. Luego vienen Felipe Calderón, con 62% en el mes 32, Tabaré Vásquez con 61% en el mes 55, Evo Morales con 60% en el mes 45, y Rafael Correa con 51% en el mes 32. Uno de derecha, otro socialdemócrata y dos de izquierda radical. En el sótano, Alan García con 27% en el mes 38, y Cristina Fernández con 23% en el mes 18. Dos representantes de partidos populistas, uno a derecha y la otra a la izquierda. En suma, parece que la popularidad de los presidentes no depende de que sean de izquierda o derecha, o si siguen caminos gradualistas o refundacionales. Todo indica que la política de cada país marca la pauta.

Pensando en las próximas elecciones, tenemos que pese a la alta popularidad de los presidentes, en Brasil, Chile, México o Uruguay (tres países socialdemócratas y uno de derecha) las elecciones serán muy disputadas y es probable una alternancia en el poder. Donde se impondría la continuidad sin mayores complicaciones sería en Colombia, Bolivia, y en Ecuador (un país a la derecha, dos a la izquierda). La clave parece estar en la posibilidad de la reelección; cuando ella no está permitida, es difícil encontrar liderazgos a la altura del presidente saliente, y la habilidad de la oposición cuenta. Cuando la reelección es posible, la combinación de la popularidad y el aprovechamiento del uso del Estado hacen imbatibles a los candidatos.

Si miramos otros indicadores, las conclusiones son similares. Según el Panorama social de América Latina 2009, si vemos la variación anual de la tasas de pobreza entre 2002 y 2008, encontraremos que los países con mayores reducciones de pobreza son Argentina, Venezuela, Perú y Nicaragua (en este último caso recordemos que el presidente entre 2002 y 2007 fue Enrique Bolaños, Daniel Ortega asumió la presidencia a inicios de 2007). Al mismo tiempo, los países con mayores niveles de gasto social per cápita en el periodo 2006-2007 fueron Argentina, Uruguay, Cuba y Brasil, países de caminos políticos muy diferentes, aunque todos siguiendo variantes de gobiernos de izquierda.6

¿Y el Perú?

En este panorama regional, Perú ha tenido importantes singularidades. En la década de los años ochenta tuvimos, como en otras partes, el descalabro del modelo “nacional-popular-estatista” (Garretón et.al., op. cit.), pero a diferencia de otros países, la estabilización e implementación de un modelo orientado al mercado fue llevado a cabo por un outsider antipolítico que destruyó al sistema de partidos e implantó un régimen autoritario. Otros países han tenido líderes antisistema, pero de izquierda (como Chávez, en Venezuela); otros tuvieron outsiders de derecha (como Collor, en Brasil), pero fracasaron. Lo más cercano al fujimorismo peruano es Uribe, en Colombia, pero allí no se ha dado la destrucción del sistema político vigente, al menos no hasta el momento.

Perú ha entrado por un ambiguo camino de reforma institucional, con cambios en el sistema electoral y una política de descentralización y regionalización, en un marco de debilidad extrema de los partidos y de grandes falencias en la capacidad institucional del Estado.

Con la institucionalización democrática de la presente década, Perú ha entrado por un ambiguo camino de reforma institucional, con cambios en el sistema electoral y una política de descentralización y regionalización, en un marco de debilidad extrema de los partidos y de grandes falencias en la capacidad institucional del Estado.7 De un lado, el sistema se ha hecho más abierto, con la apertura política general, la descentralización, y con la creación de una nueva arena político-electoral, en los espacios regionales; pero también ha habido cierta cautela, y la ley de partidos y la ley de barrera electoral ha puesto cierto límite a la proliferación de candidaturas. Esta ambigüedad se reflejó en las elecciones del año 2006, y la situación actual, signada por una recuperación parcial de partidos tradicionales (el APRA y el PPC y su alianza UN), junto con nuevas organizaciones, personalistas, poco ideológicas (Perú Posible, Unión por el Perú). En medio del cambio de régimen ocurrido con la caída del fujimorismo, llama la atención, en un país tan caracterizado por la inestabilidad, la continuidad en las políticas macroeconómicas, para bien y para mal. La izquierda doctrinaria ha desaparecido prácticamente del mapa político, pero eso no significa que en Perú no haya un sentimiento crítico y de búsqueda de un cambio profundo, que se expresó circunstancialmente en 2006, a través de Ollanta Humala.

¿Qué pasará en nuestro país en los próximos años? En un artículo reciente, Kurt Weyland sugiere la idea de que países con recursos naturales abundantes, concentrados en una actividad, en un contexto de cambio político, pueden asumir posturas políticas más radicales, en tanto la disposición estatal de esa riqueza puede dar viabilidad a un cambio de modelo (como en Bolivia). Por el contrario, países más complejos, con una estructura económica diversificada, asumirían posiciones más de centro y seguirían políticas gradualistas.8 Nuevamente, nuestro país se muestra ambiguo desde este ángulo: dependemos de recursos naturales, pero también nos hemos diversificado. De otro lado, mirando la ubicación de los candidatos según las encuestas preelectorales, y comparando con las elecciones de 2006, tenemos un gran vacío en el centro ante la imposibilidad de García de buscar la reelección y el desgaste del APRA, y un escenario muy fragmentado hacia la derecha, con el desgaste de Lourdes Flores y Unidad Nacional. En el espacio de centro, Alejandro Toledo puede ganar posiciones. Hacia la izquierda, el debilitamiento de Humala abre un vacío de representación, que varios intentan ocupar. Finalmente, mirando al Perú teniendo en mente otros países, llama la atención la inexistencia de una alternativa socialdemócrata fuerte, como en otras latitudes.
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* Investigador, Instituto de Estudios Peruanos. Este artículo está basado en otros tres publicados en el diario La República, los días 20 y 27 de setiembre y 4 de octubre, 2009.

1 Huntington, Samuel: La tercera ola. La democratización a finales del siglo XX (1991). Buenos Aires, Paidós, 2002.


2 Ver al respecto Armijo, Leslie, et.al., “The Problems of Simultaneous Transitions”. En: Journal of Democracy, vol. 5 nº 4, 1994; y Garretón, Manuel Antonio, et.al., Latin America in the Twenty-First Century: Toward a New Sociopolitical Matrix. Miami, North-South Center Press, 2003.


3 Sobre el punto ver Morley, Samuel, et.al.: Indexes of Structural Reform in Latin America. Santiago, CEPAL, 1999; y el debate sobre el neoliberalismo planteado por Kurt Weyland (“Assessing Latin American Neoliberalism: Introduction to a Debate”) y otros en Latin American Research Review, vol. 39, nº 3, 2004.


4 Sobre estos temas ver Tanaka, Martín: “Los sistemas de partidos en los países andinos, 1980-2005: reformismo institucional, autoritarismos competitivos y los desafíos actuales”. Working Paper n° 324, del Helen Kellogg Institute for International Studies de la Universidad de Notre Dame, Indiana.


5 Williamson, John, ed.: Latin American Adjustment: How Much Has Happened? Washington D.C., Institute For International Economics, 1990.


6 Ver también Lustig, Nora: “Hacia un marco para entender la política de reducción de la pobreza y la desigualdad”, en: Arnson, Cynthia, et.al., “Pobreza, desigualdad y ‘nueva izquierda’ en América Latina”. Wilson Center – FLACSO Chile, octubre 2009. Lustig muestra un panorama ambiguo al comparar las reducciones de pobreza y desigualdad en nuestros países en los últimos años.


7 Durante el fujimorismo se dio una “reconstitución autoritaria del Estado”, lo que explica que algunas áreas hayan ganado en profesionalización e institucionalización, y otras resulten muy débiles y precarias. Esta idea es explorada por Burt, Jo-Marie: Violencia y autoritarismo en el Perú: bajo la sombra de Sendero y la dictadura de Fujimori. Lima, IEP-SER, 2009.


8 Weyland, Kurt: "The Rise of Latin America's Two Lefts? Insights from Rentier State Theory". En Comparative Politics, vol. 41, nº 2, enero 2009.





¿CÓMO LE VA A LA DERECHA EN AMÉRICA LATINA?

Revista Argumentos
Diciembre de 2009
Eduardo Dargent*

El éxito de la derecha, tanto en la política como en el análisis periodístico y académico, se dio en los noventa. En esos años se pensó que la derecha que gobernaba la región tendría mejor suerte en el futuro, pues los ambiciosos procesos de reforma de mercado de fines de los años ochenta y tempranos noventa1 habían debilitado a grupos de apoyo tradicional de la izquierda, como sindicatos obreros y federaciones campesinas.2 Sin embargo, pocos años después, la izquierda volvió a ganar elecciones y desde entonces se ha escrito tanto sobre ella en la región que se podría concluir que a su némesis le va muy mal.3

¿Es correcta esta percepción? Si bien es cierto que en los últimos años la izquierda tiene más éxito electoral, planteo dos ideas/temas que cuestionan este sentido común y que espero motiven a que miremos más de cerca a la derecha. Primero, sostendré que si consideramos la relevancia de su agenda política así como el número de votos que obtiene, a la derecha no le va tan mal. Segundo, creo necesario mirar más de cerca a un tipo de derecha que apareció en las últimas décadas y que no parece ser un fenómeno de paso. La llamo, con cierta irresponsabilidad académica, la “derecha andina”. Esta derecha tiene cara de populista más que de partido político y cuestiona ciertos estereotipos sobre el voto de derecha en la región. Cuán generalizable es el “modelo”, no lo sé. Aprovecho la invitación del IEP para plantear, por ahora, más preguntas que respuestas.

Uno: Agenda sólida y partidos competitivos
Un primer tema que debería hacernos más cautos al plantear un giro a la izquierda en la región es que, bien mirado, a la derecha no le va tan mal como parece. Primero, porque los temas de la derecha (propiedad privada; ley y orden; protección de inversiones; etc.) parecen garantizados en la esfera pública. En varios países las “izquierdas” son más partidos de centro-izquierda que izquierdas “duras” como las de antaño, por tanto, menos peligrosas para los intereses de las elites; y en otros, como el Perú o Colombia, nuestros “centros” son en realidad derechas.

En varios países las “izquierdas” son más partidos de centro-izquierda que izquierdas “duras” como las de antaño, por tanto, menos peligrosas para los intereses de las elites; y en otros, como el Perú o Colombia, nuestros “centros” son en realidad derechas.

Se podría decir que esta solidez de la agenda de derecha es sólo cierta en países con izquierdas “socialdemócratas”, pero no donde gobiernan las llamadas izquierdas “radicales”. Sin duda, las social democracias de Chile, Brasil y Uruguay claramente están en el espacio de izquierda centrista descrito. Sus políticas promueven una mayor equidad, pero respetan los grandes lineamientos de una economía de mercado. Incluso las izquierdas “radicales”4 palidecen al compararlas con lo que era la vieja izquierda. Hoy las nacionalizaciones incluyen altos pagos a las trasnacionales y se busca no propiciar su salida del país. Evo paga por gaseoductos expropiados, Chávez ataca al “Diablo” del norte, pero mantiene una buena relación comercial con él. Entonces, la derecha puede perder elecciones, sin embargo, su agenda parece sólida en el debate público, incluso en los países en los que le va peor.

Segundo, la competitividad electoral de la derecha hace pensar que más que grandes ganadores ideológicos en la región solo estemos viendo rotaciones de poder, normales en toda democracia. En los noventa, los gobiernos de derecha tuvieron una buena mano que les permitió ganar el centro político. Pero hoy, ya sea porque los ciudadanos se cansaron de la cercanía de la derecha con el empresariado o porque no se cumplieron varias grandes promesas de las reformas de mercado (caída fuerte del desempleo, por ejemplo), se está votando más a la izquierda.5 Si ese es el caso, es probable que un nuevo turno de la derecha llegue al cansarse los ciudadanos de los actuales gobiernos de izquierda.

Los casos recientes de éxito y fracaso de la derecha pueden entenderse como cambios normales en toda democracia. En Chile la Concertación parece haber aburrido a una parte de sus votantes que optarán por Sebastián Piñera. Si bien hay mucha carga simbólica en el pasado chileno como para decir que un triunfo de la derecha es irrelevante, la probable victoria de la diestra en la próxima elección seguramente no producirá grandes cambios en el sistema político. Del mismo modo, el hartazgo con el Partido Revolucionario Institucional (PRI) dio lugar a una derecha ganadora en México en el año 2000. Tras dos periodos del Partido Acción Nacional (PAN) es muy probable que la izquierda o el centro, representado en su viejo saurio reciclado, ganen el 2012. Paradójicamente, el PAN posiblemente pierda por no lograr garantizar ni la ley ni el orden, uno de sus temas electorales. En El Salvador, Arena perdió la presidencia que ocupó por años ante el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN), pero apenas por 1.5%. En Brasil podría ganar José Serra y en Uruguay, la segunda vuelta será más disputada de lo pensado inicialmente.

Entonces, en una región en la que cierto sentido común académico asumía que, debido a sus altos niveles de pobreza y desigualdad, las elecciones libres darían lugar a más izquierda, a nuestra derecha regional no le va tan mal. Con más éxito en unos países que en otros, pero mostrando una tendencia regional, sus temas predilectos se han consolidado en el espacio público y se ha convertido en un efectivo contrapeso electoral. A pesar de haber derechas muy radicales en su discurso (en Centroamérica, por ejemplo), su fuerza electoral me parece una buena noticia para la democracia. En el pasado las democracias de la región tenían en las elites económicas y sus aliados militares su principal peligro. Si un partido que representa a dichas elites tiene cierto peso electoral, les garantiza que sus intereses estén protegidos de cambios bruscos, haciendo más estable al sistema (aunque Honduras nos recuerde que la tentación autoritaria de la derecha —y de la izquierda— sigue muy viva).6

Dos: la Derecha andina.
Hay otro tipo de derecha que me parece muy particular como para ponerla sin más en el grupo de los partidos de derecha de la región. Más que un partido, esta derecha tiene cara populista, pues establece una relación no mediada entre el líder y la población. La llamo la “derecha andina” por la simple razón de que los dos casos que se conocen están en los Andes: los gobiernos de Alberto Fujimori y Álvaro Uribe. Tal vez se trate de casos muy particulares como para que el modelo pueda exportarse más allá de la región, o de incluso, estos dos países. Como veremos, hay también razones para pensar que sí podría ser más generalizable.

¿Cuál es la característica que distingue a esta derecha andina? Lo principal es que muestra una suerte de alianza de opuestos que la hace muy poderosa electoralmente y estable políticamente: el apoyo de las elites económicas, lo cual no es sorpresa para una derecha, sumado al voto de amplios sectores populares

La derecha andina se parece a la derecha “normal” porque tiene una retórica de derecha, tal vez incluso más fuerte que la de varios partidos de ese lado del espectro político. Esta derecha critica abiertamente la agenda ideológica de la izquierda —a los “mamertos” en Colombia y a los “caviares” en Perú— tachándolos de tontos útiles o aliados de los violentos. Es decir, son abiertamente de derecha, algo en lo que incluso el populismo de mercado de Ménem debía guardar las formas. Por ello la prensa internacional y las ONG califican a estos dos gobiernos como de derecha, mientras que para el votante local, las diferencias ideológicas parecen mucho más complejas.

¿Cuál es la característica que distingue a esta derecha andina? Lo principal es que muestra una suerte de alianza de opuestos que la hace muy poderosa electoralmente y estable políticamente: el apoyo de las elites económicas, lo cual no es sorpresa para una derecha, sumado al voto de amplios sectores populares. Lo novedoso es que los pobres apoyan en números importantes a gobiernos cuya agenda de “izquierda” es muy limitada, tanto en su discurso como en políticas de redistribución efectiva. La derecha andina es popular, y como tal, mucho menos vulnerable a las críticas que reciben los partidos de derecha asociados con las clases altas. La derecha andina no tiene problema en tomarse fotos con el empresariado, y a pesar de ello, mantiene su alto apoyo popular.

¿Qué hace popular a la derecha andina? De entrada descarto que la fuerza de estos gobiernos se base en el miedo.7 Sin negar los abusos de ambos gobiernos y su cercanía a las fuerzas militares, creo que hacer del miedo o de la represión la clave de su popularidad es no reconocer lo más interesante de este fenómeno: estos líderes han logrado un real apoyo popular. Los números actuales de Uribe y los de Fujimori a través de la década del noventa muestran esta popularidad. Sabiéndose populares, el Fujimorismo se ha opuesto al voto voluntario, por ejemplo. Descubrir qué es lo que hace populares a estos líderes trasciende este artículo y requiere mucho más trabajo de investigación. Por ahora me limito a plantear algunas ideas.

Si bien se mantienen a la derecha en lo económico, no se les percibe como derechas de “goteo”, cosa que sí les pasa a otros presidentes como Alejandro Toledo o Alan García, que no logran esta empatía con el pueblo.

Sospecho que estos casos muestran, por un lado, cómo la “reacción” contra los efectos de una economía o un sistema político que no “alcanza” a ciertos sectores, no tiene que basarse en una agenda maximalista de izquierda. Uribe y los Fujimori sí son percibidos como efectivos para solucionar los problemas de las clases bajas. El Fujimorismo con sus carreteras, escuelas y postas médicas y sus programas sociales concentrados en grandes ministerios, representó y representa una propuesta atractiva para dicho sector social. Los viajes de Fujimori y su contacto directo con la población no son un factor irrelevante. Uribe también ha logrado recuperar la presencia del Estado a nivel territorial, desarrolla amplios programas de apoyo social y mantiene un contacto directo con la población (los llamados “consejos comunitarios”). Si bien se mantienen a la derecha en lo económico, no se les percibe como derechas de “goteo”, cosa que sí les pasa a otros presidentes como Alejandro Toledo o Alan García, que no logran esta empatía con el pueblo. La concentración de intención de voto fujimorista en los sectores D y E echa por la borda las teorías que vieron en el voto de Humala en el 2006 una ideologización de las clases bajas en contra del “modelo” económico. Si votaron contra el mercado, ¿por qué un número considerable de pobres tiene intención de dejar a su candidato del 2006 y votar por una Fujimori? Ello no quiere decir necesariamente que la ideología no pese en sectores populares, pero sí que hay algo en los líderes mencionados que les permite competir de igual a igual con la retórica redistributiva de los populistas de izquierda.

Entonces, tal vez la lección sea que el uso del Estado para construir apoyo social no pasa por banderas ideológicas de un tipo determinado, sino que bien usados estos recursos pueden servir a diversos patrones y construir capital político perdurable. Lo decisivo para construir dicho apoyo político sería el uso personalista del Estado, siendo un tema secundario la posición del líder en el espectro ideológico. Si esta es la respuesta, entonces hay razones para pensar que el modelo populista de derecha podría ser un poco más generalizable en países con similar situación socioeconómica. Colombia y Perú son países andinos con evidentes similitudes, pero también ofrecen contrastes importantes: sus economías y el manejo de las mismas, la solidez de sus partidos políticos en el pasado, su composición étnica, la magnitud de sus reformas de mercado y la profundidad del clientelismo. Si este tipo de derecha andina emerge en países con diferencias claras, tal vez podría surgir en otros países, incluso fuera de los Andes, y allí sí tendríamos que pensar en ponerle otro nombre al fenómeno.

Sin embargo, esta respuesta centrada en el gasto social y contacto directo con la población me parece insuficiente. Intuyo que este tipo de líder de derecha no puede surgir en cualquier país andino: los pobres de la región históricamente han preferido líderes populistas de izquierda. Fujimori podría superar esta objeción: ganó en 1990 con un discurso anti-mercado y luego se volvió de derecha utilizando el Estado para construir apoyo. Pero Uribe sí ganó su primera elección siendo abiertamente de derecha, el votante sabía lo que compraba. ¿Hay algo particular en Colombia y Perú que ha permitido el surgimiento y consolidación de populistas de derecha?

Keiko Fujimori le roba votos a Ollanta Humala y los empresarios y los analistas de derecha ya señalan que puede ser un mal menor frente a otras opciones. Es muy posible, entonces, que veamos más derechas andinas en los años que vienen.

Tal vez sea la experiencia de ambos países con procesos largos y sin aparente solución con grupos violentos de izquierda radical lo que da popularidad y estabilidad a este tipo de derecha. Sería la combinación entre un discurso de ley y orden, efectividad para combatir la subversión, liderar el retorno del Estado a zonas abandonadas y el uso en dicho contexto de las políticas sociales antes discutidas lo que permite el surgimiento de un líder de derecha popular. La pregunta obvia, y que nos lleva a reevaluar la importancia del aspecto estatal discutido antes, es por qué la popularidad de los Fujimori se mantiene una vez pasada la violencia. ¿Reconocimiento de sus políticas sociales y/o diferencias ideológicas en la base que no entendemos bien?

No profundizo más en las causas pues la discusión puede hacerse circular sin información concreta. El tema es sin duda relevante. Con una intención de voto superior al 60% y sin competidores a la vista, Uribe solo necesita aprobar su referéndum para reelegirse. Mientras tanto, Keiko Fujimori le roba votos a Ollanta Humala y los empresarios y los analistas de derecha ya señalan que puede ser un mal menor frente a otras opciones. Es muy posible, entonces, que veamos más derechas andinas en los años que vienen.

Conclusión
La derecha en tiempos de elecciones, entonces, goza de buena salud electoral, de agenda y de liderazgo y plantea preguntas interesantes para la academia. Con una aglomeración de estudiosos volcados hacia la izquierda (por interés académico y también por corazón militante), haríamos bien en dirigir recursos y tiempo en mirar más y mejor a la derecha, en su variedad normal y su vertiente andina.

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* Profesor y coordinador de la especialidad de Ciencia Política de la PUCP. Es candidato doctoral en ciencia política en la Universidad de Texas en Austin. Ha publicado recientemente "Demócratas

1 Precarios: elites y debilidad democrática en el Perú y América Latina" (IEP: 2009).
Por ejemplo, ver Middlebrook, Kevin (2000) Conservative parties, the Right and Democracy in Latin America, Baltimore: Johns Hopkins University Press.
2 Roberts, Kenneth M. (2002). “Social Inequalities Without Class Cleavages in Latin
America’s Neoliberal Era”, Studies in Comparative International Development 36, 4 (Winter): 3–33; Kurtz, Marcus J. (2004), “The Dilemmas of Democracy in the Open Economy: Lessons from Latin America.”, World Politics 56 (January): 262-302. Weyland, Kurt (2004), “Neoliberalism and Democracy in Latin America: A Mixed Record”, Latin American Politics & Society, Vol. 46, Nº 1, (Spring): 135-º57.
3 Entre otros: Petkoff, Teodoro (2005), “Las Dos Izquierdas”, Nueva Sociedad 197; Cleary, Matthew (2006) "A 'Left Turn' in Latin America? Explaining the Left's Resurgence." Journal of Democracy 17:4 (October): 35-49; McClintock, Cynthia (2006), “A ‘Left Turn’ in Latin America? An Unlikely Comeback in Peru”, Journal of Democracy, Vol 17, Nº 4 (October 2006): 95-109; Cameron, Maxwell A. (2008), “Peru’s Left and APRA’s Victory”. Ponencia presentada en la conferencia “Latin America’s ‘Left Turn’: Political Diversity and Development Alternatives” at Harvard University, Boston, April 4-5, 2008. Weyland, Kurt (2009), “The Rise of Latin America’s Two Lefts. Insights from Rentier State Theory”,
4 Para esta distinción ver Petkoff, op.cit; Castañeda, Jorge (2006) “Latin America’s Left Turn” Foreign Affairs 85, 3 (May-June): 28-44.
5 Para discusiones sobre las causas del voto de izquierda ver: Castañeda, Jorge y Patricio Navia (2007) “The Year of the Ballot.” Current History 105 (February): 51-57; Baker, Andy y Kenneth F. Greene (2009), “The Latin American Left’s Mandate:Free-Market Policies, Economic Performance, and Voting Behavior in 18 Countries”; manuscito; Stokes, Susan (2009) “Globalization and the Left in Latin America,” manuscrito, Department of Political Science, Yale University, February 27; Castañeda, Jorge y Patricio Navia (2007) “The Year of the Ballot.” Current History 105 (February): 51-57.
6 Como sugirieron hace tiempo Rueschemeyer, Dietrich, Evelyn Huber Stephens y John D. Stephens (1992), Capitalist Development and Democracy, Chicago: The University of Chicago Pres.
7 Ver, por ejemplo, el interesante trabajo de Burt, Jo Marie (2009) “Violencia y Autoritarismo en el Perú”, Lima, IEP; Ser.

"¡Usted fue Aprista!": Tanaka comenta y responde a Nelson Manrique

¡Usted fue aprista! de Nelson Manrique
Dom, 22/11/2009
Por Martín Tanaka

Apareció el libro ¡Usted fue aprista! Bases para una historia crítica del APRA (Fondo Editorial PUCP-CLACSO, 2009) de Nelson Manrique. Se trata de un libro sólido, de lectura imprescindible, y sin duda será una referencia obligada para cualquier interesado en el APRA y en la historia del siglo XX peruano.

¿Cómo abordar una historia del APRA evitando caer en la hagiografía o la diatriba?, se pregunta el autor, quien se propone tener “una actitud reflexiva, alejada de las descalificaciones fáciles. Siempre la mejor opción es tratar de entender a los protagonistas dentro de la trama de relaciones sociales que les preexistían y que fueron el marco –y el límite– dentro del cual podían actuar” (p. 7-8).

Según Manrique, esa “trama de relaciones” estaría compuesta por un entrecruzamiento de elementos oligárquicos, imperialistas y capitalistas frente a los cuales Haya insurgió legítimamente en los años 20. Sin embargo, desde tan temprano como 1931 el fundador del APRA habría iniciado un proceso de “derechización” que alejaría al partido de la representación de los sectores populares, impidiendo la modernización del país y generando una creciente brecha entre sociedad y Estado que padeceríamos hasta nuestros días.

Desde el título, Manrique parece reprocharle a Haya esa derechización, sin intentar entender su lógica. La sola sobrevivencia del APRA como el partido más importante del país, ¿no plantea que hubo cierta racionalidad en esas decisiones? No me parece que la línea de lectura del autor sea fiel al criterio de “tratar de entender a los protagonistas dentro de la trama de relaciones sociales ... dentro de (las cuales) podían actuar”.

¿Existe un mejor ángulo para evaluar el desempeño de Haya y del APRA? Pienso que el mejor es un enfoque comparado. El APRA es la manifestación peruana de un fenómeno latinoamericano, el populismo. Manrique se refiere en diversos momentos al peronismo, al MNR boliviano, al varguismo en Brasil, pero no explora comparaciones.

Comparativamente, las que aparecen como indefiniciones y traiciones resultan manifestaciones típicas del populismo: como señalara recientemente Marcos Novaro refiriéndose al peronismo, “se presenta como una barrera contra el comunismo y la radicalización gremial frente a las clases medias y el empresariado, y como el mejor canal para satisfacer los intereses del pueblo y de los trabajadores frente a sus bases populares... asediado por quienes le reclaman orden tanto como por los que le reclaman cambios más auténticos”.

Al mismo tiempo, este “camaleonismo” es lo que explica la vitalidad y vigencia del populismo. Puede asumir una forma radical revolucionaria, como neoliberal y conservadora, según las circunstancias. En medio de esas transformaciones algunos se mantienen vigentes, como el APRA, el justicialismo o el PRI en México, y otros declinan, como el MNR o AD en Venezuela. Explicar esa diferencia es la clave.

VER MÁS:
ACTUALIZACIÓN: 24 de noviembre
Ver respuesta de Nelson Manrique:
¡Usted fue populista!

Ver también:
Debate sobre "¡Usted fue aprista!" de Nelson Manrique en la Bitácora de Hobsbawm de Jorge Luis Valdez

¿Inconsecuencia o aprendizaje democrático?
Dom, 29/11/2009
Por Martín Tanaka
La República

El martes pasado Nelson Manrique tuvo la generosidad de responder a mi última columna, dedicada a su importante libro, ¡Usted fue aprista! Bases para una historia crítica del APRA, que será presentado en la Feria del Libro mañana lunes a las 7 pm. Un libro como el de Manrique, así como su respuesta última plantea muchos temas de debate y conversación, imposibles de abordar aquí. Sí comento algunos asuntos que me parecen centrales y de interés para los lectores.

La respuesta de Manrique resalta, entre otras cosas, la tensión que enfrentó Haya al tener de un lado “bases radicales... que creían que el partido iba a hacer la revolución”, y del otro “una estrategia política basada en el juego electoral como el camino para llegar al poder, algo que se planteó tan tempranamente como en 1928...”. Esta apuesta por lo electoral, dice Manrique, se dio sistemáticamente, en 1945, 1956, 1962 y 1963. Haya trató de llegar al poder, y para ello creyó necesario pactar con la oligarquía.

Esta estrategia, que dejó de lado los postulados previos a 1928, son vistos negativamente por Manrique, de allí que concluya haciendo un símil entre la relación de Haya con la oligarquía y la “sumisión” de García a la Constitución de 1993, “repudiando” la de 1979.

Estoy de acuerdo con Manrique cuando dice que lo interesante es tratar de entender las tensiones que enfrentó Haya y cómo las resolvió; la cuestión es, nuevamente, desde qué ángulo evaluamos las cosas. Manrique parece querer resaltar los problemas resultantes del abandono de los ideales revolucionarios originales y la opción por un camino electoral. Me pregunto qué pasaría si pensamos lo mismo como un complejo, difícil y trunco proceso de desarrollo de una comunidad política democrática.

Vistas las cosas así, a pesar de que Haya desde 1945 sostuvo que no quería “quitarle la riqueza al que la tiene sino crearla para el que no la tiene”, no logró superar el veto de la oligarquía y los militares. Cuando finalmente se logró tener una arena política sin exclusiones en 1962 y 1963, ya el APRA había perdido posiciones en su flanco izquierdo; y cuando Haya pudo ser presidente en 1969, nuevamente una intervención militar lo impidió, aunque esta vez una dictadura de izquierda.

Si miramos la conducta de Haya no desde la inconsecuencia revolucionaria, sino a la luz de los procesos truncos de aparición de una comunidad democrática, la estrategia del APRA, de abandono de estrategias insurreccionales por vías electorales y búsqueda de acuerdos políticos con sus adversarios, no resulta negativa. Es más, la derechización del APRA permitió la aparición de otros partidos, como Acción Popular y las izquierdas. Los problemas aparecen en otras partes: en la apuesta autoritaria de la oligarquía, en la ausencia de partidos democráticos conservadores de masas, en la tradición militar golpista, en la falta de compromiso democrático en nuestras elites.

ACTUALIZACIÓN:
Ver réplica de Nelson Manrique en La República, martes 1 de diciembre
Haya, entre las balas y los votos

ACTUALIZACIÓN, 2 de diciembre
El APRA de Manrique
Antonio Zapata

Usted fue aprista. Impresiones y debate
Jose Alejandro Godoy

El Apra según Nelson Manrique

El Apra, más allá de las internas


Mié, 03/06/2009
Por Nelson Manrique
La República

Para Mauricio Mulder que no haya habido muertos en las recientes elecciones internas del Apra convierten a estas en un proceso “históricamente ejemplar”. Disienten los apristas que denuncian la manipulación de los padrones electorales y otras irregularidades. Pero, más allá de que en la siguiente ronda se consiga o no realizar una elección honrada, hay problemas de fondo, que no van a solucionarse con la incorporación de “los cuarentones”, o de cualquier otro grupo generacional, al cielo del poder.

Un problema fundamental que atraviesa a todo el sistema político peruano hoy es el sistemático deterioro de la calidad de los cuadros de dirección que se ha producido durante las últimas décadas, que si bien afecta a todos los partidos, es especialmente visible en el Apra.

En 1956, cuando salía de la dura clandestinidad a la que lo arrojó el general Manuel A. Odría (con quien, dicho sea de paso, Haya se aliaría apenas seis años después), el Apra llevó al Parlamento como invitados, presidiendo su lista, al gran historiador Raúl Porras Barrenechea y al poeta José Gálvez. Compárese la calidad de semejantes amigos con los fujimoristas Luis Giampietri y Lourdes Mendoza del Solar, a quienes Alan García ha llevado a las vicepresidencias de la República. Y no se trata solo de los amigos. Hubo una época en que el Apra podía vanagloriarse de tener en sus filas a intelectuales de la talla de Ciro Alegría, Magda Portal, Gustavo Valcárcel, Alberto Hidalgo, Manuel Scorza, Juan Gonzalo Rose, Mario Puga Imaña, Serafín del Mar y otros (todos renunciaron al Apra en protesta por el viraje de Haya que lo llevó a aliarse con la oligarquía, pero esa es otra historia).

Si se trata de los dirigentes partidarios de la alta dirección, Luis Alberto Sánchez era un intelectual reconocido a nivel continental y Manuel Seoane Corrales, el Cachorro, era tan estimado como periodista, político e intelectual que cuando estuvo exiliado en Chile le dieron el honrosísimo cargo de director de la revista Ercilla, toda una institución cultural en el país del sur. Todos los mencionados, a los que habría que añadir a Andrés Towsend Escurra, tienen obra escrita, que aún puede consultarse con provecho. De los cuadros de organización, no hay hoy nadie comparable con Ramiro Prialé y Armando Villanueva del Campo, para hablar solo de los dos dirigentes orgánicos más destacados.

Todavía durante el primer gobierno de Alan García podía identificarse algunos cuadros intelectualmente estimables, como Carlos Roca y Javier Tantaleán Arbulú. Agustín Mantilla (uno de los hombres más poderosos del país, ¿habrá quien crea que no pertenece al Apra?), Jorge del Castillo, Mercedes Cabanillas y Mauricio Mulder están muy por debajo de sus predecesores, pero definitivamente son muy superiores con relación a la generación siguiente, que es definitivamente mediocre. Salvo que alguien crea que se puede establecer alguna comparación, a cualquier nivel, entre Luis Alberto Sánchez (quien fue presidente del Senado) y Javier Velásquez Quesquén (que le sucede en el cargo equivalente), o entre Manuel Seoane y Aurelio Pastor, o entre Armando Villanueva del Campo y el impresentable Édgar Villanueva.

El problema viene desde arriba. Comparando a Haya de la Torre y a Alan García es fácil entender qué calidad de gente podrían convocar uno y otro.

Haya de la Torre, el desconocido

La República
Mar, 01/09/2009
Por Nelson Manrique

Es muy ilustrativo comparar la huella intelectual de Haya de la Torre con la de José Carlos Mariátegui, su contemporáneo. Mariátegui nunca ejerció un cargo público ni tuvo poder a lo largo de su corta vida. Luego fue combatido, primero, y olvidado, después, durante décadas por el PC que lo reclamaba como su fundador. Su obra llegó a ser conocida recién en la década del 50, gracias a la tenaz devoción de su viuda, Anita Chiappe, y de sus hijos. Sus Obras completas fueron puestas al alcance de centenares de miles de lectores en sucesivas ediciones económicas. Los 7 Ensayos de interpretación de la realidad peruana se han editado centenares de veces y han alcanzado el sitial del libro más leído del Perú.

La vida y obra de Mariátegui siguen concitando el interés y la pasión de muchos estudiosos peruanos y extranjeros y existe una vivaz actividad intelectual en torno a su obra. Su biobibliografía sigue ampliándose continuamente, se han editado centenares de libros dedicados a su obra y otros tantos a la edición de nuevos materiales suyos, como sus Escritos juveniles y su Correspondencia. La revista Amauta y el periódico Labor han sido objeto de sendas ediciones facsimilares. Una voluminosa revista anual, los Anuarios mariateguianos, difunde los nuevos estudios sobre su obra. La casa que habitara, en el jirón Washington, ha sido convertida en un museo, la Casa Mariátegui, con su correspondiente biblioteca, donde se realiza una permanente labor de estudio, investigación y difusión.

El contraste con Haya no puede ser más sorprendente. El antimperialismo y el Apra, su libro más importante, fue editado en Santiago de Chile en 1936 y no volvió a publicarse durante décadas porque Haya de la Torre rechazó su reedición, según lo narra LAS, su biógrafo y amigo personal. Un destino similar sufrió Treinta años de aprismo (México: Fondo de Cultura Económica, 1956). Recién a inicios de la década de los 70 Haya autorizó la impresión de ambos textos en el Perú, presionado porque desde 1968 el gobierno militar de Velasco Alvarado estaba realizando las reformas que él había demandado en los años 30. Era necesario reverdecer los viejos lauros revolucionarios, que habían sido discretamente puestos en la sombra luego de la alianza con la oligarquía, aunque el discurso antioligárquico y constituía la razón de ser del aprismo, según el propio Haya.

Las Obras completas de Haya fueron publicadas en vida de su autor, en 1976. Son incompletas y sus omisiones parecen pensadas para dificultar el estudio de su pensamiento. No tienen un epistolario, a pesar de que la comunicación postal jugó un papel decisivo en la historia del Apra. Sólo Luis Alberto Sánchez publicó la correspondencia que mantuvo con Haya entre 1930 y 1956, en dos volúmenes (Lima: Mosca Azul Editores, 1982), pero las cartas se interrumpen un par de semanas antes del inicio del cogobierno entre el Apra y la oligarquía, y en adelante apenas se incluyen tres cartas anodinas hasta 1970. La ausencia de debate sobre la producción de Haya ha hecho innecesaria la reedición de las Obras completas: la colección puede adquirirse hoy a muy bajo costo, en librerías de segunda mano.

Poco después de la muerte de Haya se planeó convertir Villa Mercedes en un museo, pero el proyecto terminó en un escándalo público, cuando se supo que había sido comprada por dirigentes apristas con dinero de Carlos Landberg, el narcotraficante más importante de la época. Recién ahora, tres décadas después, Carlos Roca ha sido encargado del Museo y planea abrirlo al público.

Aunque el Apra ha estado varias veces en el poder desde 1945 no se ha hecho gran cosa para reparar estas omisiones.

Haya de la Torre es demasiado importante para el país –no sólo para los apristas– como para merecer esa especie de segunda muerte a la que se le condena al convertirlo en un ícono inerte, que todos citan y nadie lee.

El antimperialismo y el Apra en el siglo XXI

Mar, 22/09/2009
Por Nelson Manrique
La República

El libro de mayor importancia de V. R. Haya de la Torre es El antimperialismo y el Apra (Santiago de Chile: Ed. Ercilla, 1936), la más cabal expresión de los fundamentos doctrinarios del Apra1. En las formulaciones del Haya de El antimperialismo… el Estado es el instrumento de opresión de una clase sobre otra, usado por las burguesías latinoamericanas para explotar a los trabajadores y dividir a sus pueblos; por eso es necesario acabar con ellas: “el poder político –escribe Haya– debe ser capturado por los productores, la producción debe socializarse y América Latina debe constituir una Federación de Estados. Este es el único camino hacia la victoria sobre el imperialismo y el objetivo político del APRA como Partido Revolucionario Internacional Antiimperialista” (El antimperialismo… p. 37).

La lucha contra el imperialismo es para Haya una guerra que para triunfar puede conculcar los derechos consagrados por el liberalismo: “el movimiento triunfador antimperialista organizará su defensa estableciendo un nuevo sistema de economía, científicamente planeada y un nuevo mecanismo estatal que no podrá ser el de un Estado democrático ‘libre’ sino el de un Estado de guerra, en el que el uso de la libertad económica debe ser limitado para que no se ejercite en beneficio del imperialismo”.

Esto suponía la creación de un nuevo aparato de poder de los trabajadores, el Estado antimperialista: “En el Estado antimperialista... es indispensable también la limitación de la iniciativa privada y el contralor progresivo de la producción y de la circulación de la riqueza. El Estado antimperialista que debe dirigir la economía nacional tendrá que negar derechos individuales o colectivos de orden económico cuyo uso implique un peligro imperialista” (pp. 138-139).

El régimen que surgiría de la derrota del imperialismo sería aún capitalista, pero en camino hacia un orden superior: un “capitalismo de Estado como sistema de transición hacia una nueva organización social … en beneficio de las clases productoras, a las que irá capacitando gradualmente para el propio dominio y usufructo de la riqueza que producen” (p. 140). De no proceder así se alentaría la formación de una burguesía explotadora, “estimulando la explotación individualista e insaciable –amparada en los enunciados clásicos del demoliberalismo– … Por eso ha de ser indispensable en el nuevo tipo de Estado la vasta y científica organización de un sistema cooperativo nacionalizado y la adopción de una estructura política de democracia funcional basada en las categorías del trabajo” (pp. 140-141).

Para Haya el triunfo sobre el imperialismo no estará asegurado mientras no se cambie radicalmente la naturaleza de la economía peruana: “La nacionalización de la tierra y de la industria y la organización de nuestra economía sobre las bases socialistas de la producción es nuestra única alternativa. Del otro lado está el camino del coloniaje político y de la brutal esclavitud económica” (p. 40).

Haya no rechaza los capitales imperialistas porque el imperialismo tiene un “lado bueno” (trae los capitales y la tecnología necesarios para el desarrollo) y un “lado malo” (oprime y explota a los pueblos). De lo que se trata es de constituir un “Estado antimperialista” que tenga la fuerza suficiente para negociar con el imperialismo en condiciones de igualdad neutralizando su lado expansivo y explotador y aprovechando el positivo.

Al empezar el siglo XXI, ¿quién está más cerca de Haya? ¿El Alan García de “El perro del hortelano”, cuya obsesión es vender el país a cualquier postor, o Chávez, Morales, Lula, Bachelet o Correa?

1Hay quienes se inclinan por Treinta años de aprismo (México: FCE,1956), pero este es en buena cuenta una larga glosa de El antimperialismo…, encaminada a justificar los virajes que el Apra dio durante su azarosa existencia.

Cuando Haya derrotó a Lenin


Mar, 17/11/2009
Por Nelson Manrique
La República

En una entrevista concedida un año antes de su muerte, V. R. Haya de la Torre afirmó haber derrotado a Lenin en un debate sobre la naturaleza del imperialismo. Con muy justificada admiración el entrevistador anotó: “Quizá nadie en el resto del continente pueda sostener que tuvo una controversia con Lenin”. “Fue en 1927 –le dijo Haya–, en un Congreso Antiimperialista que se realizó en Bruselas. Cuando Lenin dijo que el imperialismo era la etapa superior del capitalismo, yo le rebatí su teoría. Le dije: ‘No, señor.

Eso no ocurre siempre. El imperialismo es la etapa superior en los países donde el capitalismo está desarrollado como en el occidente europeo, pero en nuestros países subdesarrollados el capitalismo está en su etapa inicial’”. Haya precisó que ganó la discusión amparándose en un librito que escribió Marx acerca del colonialismo. (“¿Haya Presidente?”, X – Semanario del Pueblo Peruano, Nº 117, 13-19 de julio, Lima, 1978).

Se trata de una victoria absolutamente extraordinaria, pues para 1927 Lenin llevaba ya tres años muerto. Murió en enero de 1924, cuando Haya tenía veintiocho años de edad y era apenas un destacado dirigente estudiantil de un país que seguramente muy pocos rusos serían capaces de ubicar en un mapamundi. La explicación más plausible de este incidente es que a Haya se le confundieron los recuerdos; en julio de 1978 estaba al borde de los 84 años y es posible que sus facultades mentales estuvieran ya deterioradas.

Lo que interesa destacar es que los delirios de un anciano no son arbitrarios. Su fantasía de haber derrotado en una polémica a Lenin se hace más comprensible si se considera la atmósfera de adulación de la que estuvo rodeado a lo largo de su vida.

En mayo de 1957 Haya volvía al Perú por un breve periodo y el Apra le preparó una recepción apoteósica. Su mejor amigo, Luis Alberto Sánchez, viajó con gran ilusión a Talara para darle la bienvenida, pero se llevó una desagradable sorpresa: “Regresé bastante decepcionado. Haya en Europa era un ser como el que ya conocía desde 1917, como el que traté en mis andanzas, pero este de Talara y Trujillo se parecía demasiado al Haya de las horas de embriaguez de poder, al de 1947, seco, a menudo descortés” (L. A. Sánchez, Testimonio personal: memorias de un peruano del siglo XX, Lima: Mosca Azul 1987, p. 26). Siempre existió en el Apra un aura religiosa rodeando al liderazgo de Haya y si a esto se le añade la inevitable existencia de ventajistas que medraban haciéndole la corte puede entenderse que terminara perdiendo la perspectiva sobre el valor de su aporte intelectual y su papel en la historia.

En mayo de 1948 Haya viajó a EEUU. He aquí algunas notas que entonces se escribieron en La Tribuna, el periódico oficial del Apra: “Lo han medido como se mide a los grandes hombres: como a Gandhi o a Roosevelt. En menos de dos meses y medio ha hablado ante los ‘jerarcas’ del pensamiento contemporáneo y ha fijado al mundo, presente y del mañana, con la doctrina y filosofía orientadora del aprismo. Esta ha sido pues la tarea gigantesca de ese gran hombre, orgullo del Perú y paladín de Indoamérica. Cuando la historia se haga … la figura señera y magistral del Jefe del Partido del Pueblo, Víctor Raúl Haya de la Torre, ha de emerger como la columna vertebral de un nuevo mundo capaz de llegar a la felicidad”. Haya había “descubierto nuevas concepciones, sobre las cuales va a levantarse la arquitectura del Hemisferio”. Su voz había resonado “exhibiendo ante la humanidad un nuevo credo de vida, una nueva filosofía y un nuevo destino”. Los periodistas apristas lo comparaban con el Cid Campeador, y lo proclamaban “soldado glorioso que ha disparado hacia la eternidad los impactos de su genio creador”, etc. Guillermo Carnero Hoke llegó a describirlo como el “genio tutelar” que “parecía a veces tocar con su puño de piedra, desde un promotorio de siglos, las puertas de la inmortalidad...parecíales a todos los asambleístas, después de terminado, haber vuelto de Dios” (Luis Eduardo Enríquez, La estafa política más grande de América. Lima: Ediciones del Pacífico, 1951, pp. 118-121).


¡Usted fue populista!


Mar, 24/11/2009
Por Nelson Manrique
La República

En una reseña de mi libro (“¡Usted fue aprista!, LR, 22/11/09) Martín Tanaka plantea algunas observaciones polémicas. No tenemos tradición de debate académico y por eso agradezco especialmente sus comentarios. Martín considera que no he sido fiel a mi propósito declarado de “tratar de entender a los protagonistas dentro de la trama de relaciones sociales que les preexistían y que fueron el marco –y el límite– dentro del cual podían actuar”. Considera que le reprocho a Haya, “desde el título”, su derechización, sin intentar entender su lógica, que resultaría validada por la supervivencia del APRA y su conversión en el partido más importante del país. Siempre siguiendo a Martín, el “camaleonismo” aprista (el adjetivo es suyo), explicaría su vitalidad y vigencia, algo esperable, porque acomodarse a los vientos es un rasgo típico del populismo latinoamericano.

Martín propone un enfoque comparativo como una mejor entrada para analizar el comportamiento político del Apra: “El APRA es la manifestación peruana de un fenómeno latinoamericano, el populismo ... Comparativamente, las que aparecen como indefiniciones y traiciones resultan manifestaciones típicas del populismo”.

Un primer problema deriva de lo problemático que es el término “populismo”. Como Ernesto Laclau (La razón populista. México: FCE, 2005) ha subrayado, el término ha sido utilizado tanto y de tan diversas maneras que resulta muy difícil ponerse de acuerdo acerca de qué estamos hablando. Que Leguía, Haya, Bustamante y Rivero, Belaunde y Velasco –para sólo referirnos a nuestra propia historia política– puedan ser caracterizados como “populistas” es expresivo de esta dificultad.

En segundo lugar, en un tema como este el recurso a la historia comparada es útil como herramienta auxiliar, pero no como la opción principal. Si se trata de entender las decisiones de una persona, o una organización social, o política, primariamente las razones hay que buscarlas en procesos y fuerzas internos y sólo secundariamente en los externos. El método comparativo permite construir categorías útiles para el análisis a través de un razonamiento inductivo: si este conjunto de partidos tienen en común comportamientos que “aparecen como indefiniciones y traiciones”, puedo agruparlos bajo una misma categoría: populismo, por ejemplo. Pero no puedo realizar el camino inverso: asumiendo que el Apra es efectivamente “populista” deducir de aquí que éste va a realizar virajes que “aparecen como indefiniciones y traiciones”.

El objetivo de mi texto no es, por cierto, reprochar a Haya su derechización; no dedicaría tanta energía a un objetivo tan minúsculo. Mi propósito es otro: tratar de entender las tensiones que tuvo que encarar a lo largo de su vida política y la manera cómo lo hizo. Por ejemplo, cómo concilió las demandas de las bases radicales apristas, provenientes de la tradición anarquista, que creían que el partido iba a hacer la revolución, con una estrategia política basada en el juego electoral como el camino para llegar al poder, algo que se planteó tan tempranamente como en 1928, cuando Haya trataba de ser candidato presidencial mientras que las bases partidarias esperaban que el partido asaltara el poder.

La valoración del éxito o fracaso de un personaje como Haya debiera hacerse partiendo de los objetivos que se propuso. Los grandes virajes del Apra no se realizaron para “asegurar la supervivencia del partido”, en momentos de crisis, sino en coyunturas de claro ascenso popular. Sucedió en mayo de 1945, cuando el Apra estaba a punto de incorporarse al sistema político legal y Haya envió el mensaje a la oligarquía de que no quería “quitarle la riqueza al que la tiene sino crearla para el que no la tiene”.

Volvió a suceder en 1956, 1962 y 1963, cuando se concretó la alianza con la oligarquía. Se trataba pues no de “salvar al partido” sino de llegar al poder. Y el poder le fue esquivo a Haya hasta el final. Lo que fue de su legado político a su muerte queda ilustrado por la sumisión del Apra de García a la Constitución fujimorista de 1993, repudiando la de 1979, que Haya elaboró, y que caracterizó como “una Constitución para el siglo XXI”.


Haya, entre las balas y los votos


Mar, 01/12/2009
Por Nelson Manrique
La República

En un nuevo comentario, que agradezco, Martín Tanaka opone a mi juicio negativo sobre Haya de la Torre por el “abandono de los ideales revolucionarios originales” una evaluación positiva: “Si miramos la conducta de Haya no desde la inconsecuencia revolucionaria, sino a la luz de los procesos truncos de aparición de una comunidad democrática, la estrategia del APRA, de abandono de estrategias insurreccionales por vías electorales y búsqueda de acuerdos políticos con sus adversarios, no resulta negativa” (“¿Inconsecuencia o aprendizaje democrático?” LR, 29/11/2009).

Que yo reprochara a Haya su “inconsecuencia revolucionaria” tendría sentido si en algún momento la estrategia electoral y la insurreccional hubiesen sido para él excluyentes. Pero lo que muestro en mi libro es que desde 1928, cuando intentó lanzar su candidatura presidencial por primera vez, Haya consideró la vía electoral como la fundamental y las vías insurreccional y conspirativa como subordinadas. Esto es evidente, por ejemplo, en sus persistentes intentos de conseguir un “general amigo” que diera un golpe y luego convocara a elecciones que él debería ganar, o en su preferencia por las conspiraciones militares frente a los intentos insurreccionales de las bases apristas que él mismo promovía. Su discurso revolucionario respondió, primero, a la necesidad de mostrarse tan radical como Mariátegui, cuando ambos disputaban las bases para sus respectivos proyectos políticos, y –muerto Mariátegui– a la necesidad de administrar las expectativas revolucionarias de los anarquistas que se habían incorporado al Apra.

No hay pues una transición desde una visión insurreccional hacia una estrategia electoral que pueda calificarse de un “aprendizaje democrático”. Por otra parte, no considero reprochable optar por la vía electoral. Cuestiono eso sí la ética política del doble discurso –“la escopeta de dos cañones”–que cultivó Haya y cuyas consecuencias vivimos. Una política de alianzas debiera ser coherente con los objetivos que se quiere alcanzar. No creo que la alianza del Apra con la oligarquía fuera una fatalidad histórica. Hubo dirigentes apristas que rechazaron esta opción; Luis F. de las Casas propuso en 1956 apoyar a FBT (De las Casas, El sectario, Lima: CIC, 1981, p. 240). En 1962 él y Manuel Seoane propusieron aliarse con Belaunde en lugar de apoyar a Odría; “no existe ningún justificativo de entendimiento con el dictador que más persiguió al Partido”, escribió Seoane en un memo que envió al CEN del Apra el 26/9/62. Para De las Casas “por principio, estaba descartado el dictador castrense que asesinó a nuestros compañeros en la persecución iniciada el 27/10/48” (ídem, p. 249). Pero la dirección del Apra optó por la oligarquía y el resto es historia.

¿Apoyar a FBT contra la oligarquía habría mermado el apoyo electoral del Apra? Es dudoso. Haya, en una carta enviada el 12/4/55, antes de su alianza con la oligarquía, podía alardear ante LAS de que en elecciones libres el Apra tendría el 90% de los votos, y que él “podría ser elegido mañana mismo sin necesidad de que pronunciara un discurso” (Haya y Sánchez, Correspondencia. T. 2. Lima: Mosca Azul Eds., 1982, pp. 231-232). Pero en 1962 Haya ganó a FBT por apenas 14 mil votos y no alcanzó el tercio electoral que necesitaba para ser proclamado presidente. LAS –que era identificado como el derechista– pasó por la humillación de no conseguir ni siquiera los votos suficientes para ser elegido senador por Lima, mientras que Manuel Seoane –que era candidato a la vicepresidencia y era visto como el izquierdista– ganó a todos los candidatos presidenciales, incluido Haya, siendo el único que superó el tercio electoral. Haya tuvo que reconocer que “el Partido Aprista en el campo electoral ya no podría llamarse más ‘partido de las mayorías nacionales’” (Discurso de Haya en la Casa del Pueblo, 4/7/62). Un año después FBT lo derrotó sin atenuantes. El propio Haya terminó considerando un error su alianza con la oligarquía, en una entrevista que concedió a Julio Cotler en 1970, y lo atribuyó a un error de evaluación, que lo llevó a creer que la oligarquía era más fuerte de lo que en realidad terminó siendo (Clases, estado y nación en el Perú. Lima: IEP, 1978).


El antiimperialismo y el Apra y el “auténtico” Haya


Mar, 08/12/2009
Por Nelson Manrique
La República

Había decidido darme un respiro del debate suscitado por la publicación de mi libro ¡Usted fue aprista!, pero las declaraciones de Hugo Vallenas (LR, 6/12/09) me han hecho cambiar de opinión. Tengo la impresión de que Vallenas opina no sobre mi texto sino sobre la lectura que de él ha hecho Antonio Zapata (“El APRA de Manrique”, LR, 2/12/2009). En su comentario, Antonio Zapata asume que el argumento que ata todo mi texto es oponer el libro de Haya, El antiimperialismo y el APRA (en adelante EAA), a la historia concreta del Partido Aprista. La razón de este enfoque sería mi sesgo izquierdista: “Manrique conocía la conclusión antes de comenzar el texto. Su sujeto de estudio no lo ha sorprendido ni tampoco le guarda la mínima empatía. Por ello, Manrique ya sabía que la historia concreta del APRA estaba plagada de virajes sin fin”.

¿Es necesario ser izquierdista para reconocer que la historia del APRA está “plagada de virajes sin fin, o Zapata alberga dudas al respecto? Puede considerárseles “una traición” o un “signo de madurez”, pero los hechos están allí. Aparentemente me descalifica ser parcial, por lo que juzgo al Apra desde un mirador negativo. Con ese mismo argumento debería descalificarse a los apristas (por su sesgo positivo) a un historiador extranjero (que no sería indiferente ante las tomas de posición sobre el imperialismo), y hasta a Tony Zapata, a menos que él crea estar hablando desde ese Olimpo denominado la “neutralidad epistemológica”: desde la Ciencia, mientras mira cómo los demás se debaten en las tinieblas de la ideología. Esa precisamente es la posición más sublimemente ideológica.

Retomo la línea maestra de su crítica: “La trayectoria vital del Haya de Manrique es una traición contra su libro juvenil”. Supongo que Tony asume que considero que EAA representa al “auténtico” Haya, traicionado por su trayectoria vital posterior. Pero en mi texto muestro que este libro fue apenas un eslabón más dentro de una cadena de intentos de reescribir la historia. Haya llegó hasta a tratar de hacer creer que EAA había sido publicado en México, el año 1928. Lo afirma en Treinta años de aprismo y se aferró a esta versión hasta el fin de sus días. Pero no existe tal edición de 1928, como lo aclara el propio Haya en la “Nota Preliminar” de la primera edición de EAA (1936): “Este es un libro escrito hace siete años que solo ahora se publica” (p. 13). El texto fue entregado para su publicación recién el 25/12/1935.

¿Qué está en juego en estas fechas? 1928 fue el año de la polémica con Mariátegui, cuando ambos disputaban las bases para sus respectivos proyectos políticos. Entonces Haya, para mostrarse tan revolucionario como su rival, propuso la lucha a muerte contra el imperialismo. Aún en febrero de 1930 defendía esta posición: “Para nosotros, con Marx y con Lenin, el imperialismo es el capitalismo en su forma más moderna … y si nosotros no combatimos al imperialismo, entonces no combatimos al capitalismo, y si no combatimos al capitalismo, entonces no luchamos contra la explotación, y si no luchamos contra la explotación no tenemos derecho de llamarnos ni socialistas, ni comunistas, ni revolucionarios. El Apra es antiimperialista porque es anticapitalista” (Haya de la Torre, “Carta a la célula del Cusco”, 15/12/1930).

Pero Mariátegui murió dos meses después, en abril de 1930, y entonces la posición de Haya cambió. Sostuvo en adelante que el imperialismo tenía un “lado bueno” (traía capitales, tecnología y progreso) y un “lado malo” (oprimía y explotaba). No se trataba más de liquidarlo sino de negociar con él, aprovechando su lado “bueno” y neutralizando el “malo”; esa es la posición recogida en EAA. Retroceder la fecha de su publicación a 1928 hubiera permitido borrar las huellas de este cambio ideológico fundamental.

Tengo la impresión de que para Haya adoptar un lenguaje leninista –como en la carta citada– o proclamar su simpatía con los EEUU y explicar que no era un radical –como lo hizo confidencialmente ante el embajador norteamericano en Lima, Fred Morris Dearing– respondía más a qué consideraba que querían oír sus interlocutores que con la defensa de la autenticidad ideológica.

Confieso que estos hechos a mí sí me sorprendieron.



MEMORIA: PREGUNTAS Y RESPUESTAS



16 de diciembre de 2008
Blog Desde el Tercer Piso
Escrito por: Jose Alejandro Godoy

Hoy la Municipalidad de Miraflores hará entrega del terreno comprometido para el Museo de la Memoria, iniciativa que, luego de idas y venidas, detractores y defensores, va tomando forma. Y por ello, creo que es una ocasión para poder aclarar dudas, malos entendidos y campañas de desprestigio que se han hecho sobre esta iniciativa y sobre su antecedente inmediato, la Comisión de la Verdad y Reconciliación.

Por ello, a modo de preguntas y respuestas, tocaré los temas más álgidos. Para ello, me he basado en el Informe Final de la CVR, en la entrevista que Salomón Lerner Febres dio al programa Cuarto Poder hace algunos meses y en otra entrevista que dio Mario Vargas Llosa a El Comercio este domingo.

1. ¿LA CVR Y SUS DEFENSORES LE HACEN EL JUEGO A SENDERO LUMINOSO?

Falso. La Comisión de la Verdad y Reconciliación condenó de manera clara a Sendero Luminoso, de acuerdo a los estándares éticos y jurídicos que guiaron su mandato y a la rigurosidad que le exigía la labor de reconstrucción de la historia de la violencia. Muestra de ello es el primer párrafo del Tomo II del Informe Final, que resume la caracterización que la CVR hizo de SL:
Asimismo, la CVR señaló que la causa inmediata y fundamental que desencadenó el conflicto armado interno fue la decisión de Sendero Luminoso de iniciar su denominada “lucha armada” contra el Estado peruano y contra la voluntad de la mayoría de peruanos y peruanas que habían decidido vivir en paz y democracia. Además, se condenó de manera expresa la ideología fundamentalista de Sendero Luminoso, su potencial genocida – expresado en sus proclamas, así como en sus acciones contra la etnia asháninka -, sus acciones tendientes a inducir una respuesta desproporcionada de parte del Estado, el aprovechamiento de las falencias del sistema educativo proporcionado por el Estado para propagar sus ideas. Se establece que la dirección central de Sendero Luminoso - y en particular su jefe, Abimael Guzmán - tiene responsabilidad directa por dar inicio a la violencia en contra de la voluntad de la mayoría de la población, por su estrategia sanguinaria, por sus prácticas violentas en contra de la población civil con un alto costo de vidas y por la comisión de crímenes de lesa humanidad.
“El Partido Comunista del Perú conocido como Sendero Luminoso (PCP-SL) es una organización subversiva y terrorista que en mayo de 1980 desencadenó una guerra contra el Estado y la sociedad peruanos. A lo largo de ese conflicto, el más violento de la historia de la República, el PCP-SL cometió crímenes de extrema gravedad que configuran delitos de lesa humanidad y se constituyó en el principal culpable del alto número de víctimas producido. La Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) ha constatado que el PCP-SL fue responsable del 54% de las muertes y desapariciones que le fueron reportadas durante su investigación y, sobre la base de los cálculos realizados, estima que la cifra total de víctimas fatales ocasionadas por dicha organización asciende a 31, 331 personas”


Debe precisarse, además, que la reconciliación planteada por la CVR no implica amnistía u olvido para los crímenes cometidos por los miembros del Partido Comunista del Perú – Sendero Luminoso (PCP-SL) y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), pues la reconciliación se funda en la justicia, lo que implica que los militantes de ambos grupos paguen por los crímenes cometidos.

2. ¿LA CVR Y EL MUSEO DE LA MEMORIA SON INSTRUMENTOS CONTRA LAS FUERZAS ARMADAS?

Esta premisa también es falsa. Para comenzar, la CVR reconoce que, frente a la amenaza que suponían el accionar de Sendero Luminoso y el MRTA contra la democracia y los derechos de sus ciudadanos, el Estado tenía derecho a utilizar a sus Fuerzas Armadas y Policiales y declarar estados de emergencia, instituciones consideradas por la Constitución como garantías de protección frente a situaciones de grave riesgo. Sin embargo, la Comisión critica y deplora que los gobiernos que decidieron utilizar estos instrumentos e instituciones no tomaran las previsiones para impedir las violaciones de los derechos fundamentales de la población, los cuales se encontraban vigentes incluso en estados de emergencia.

Por si fuera poco, la CVR señala que las Fuerzas Policiales y las Fuerzas Armadas tenían el deber de enfrentar a los grupos subversivos que desafiaban el orden constitucional y vulneraban los derechos fundamentales de los ciudadanos. Asimismo, reconoce la sacrificada labor que militares y policías tuvieron durante los años de violencia, rindiendo homenaje a los miembros de las Fuerzas Armadas y Policiales que murieron o quedaron discapacitados en cumplimiento de su deber.

Como bien lo señala Salomón Lerner Febres, presidente de la CVR, en el Prólogo del Informe Final, era deber del Estado y sus agentes defender a la población con las armas de la ley. El orden a defender era aquel que aseguraba el derecho a la vida y la dignidad de todos, hecho que no fue entendido por todos los responsables de conducir y ejecutar las acciones de defensa del Estado. Por ello, la CVR encontró, en el transcurso de sus investigaciones y de acuerdo a las normas internacionales sobre derechos humanos que, en ciertos lugares y periodos de tiempo, las Fuerzas Armadas cometieron violaciones sistemáticas y/o generalizadas contra los derechos humanos y, además, existen fundamentos para señalar la comisión de delitos de lesa humanidad por parte de algunos miembros de las instituciones castrenses.

En la mencionada entrevista con Cuarto Poder, Lerner precisó algunas de esas situaciones: Huanta en 1984, el Cuartel Los Cabitos entre 1983 y 1985, el Destacamento Colina. Por tanto, no se achaca a todos quienes participaron en la lucha contra la subversión responsabilidad por estos hechos.

Esta dolorosa tarea no fue emprendida con el ánimo de perjudicar a las Fuerzas Armadas. Por el contrario, el espíritu de trabajo de la CVR implicó el relato y caracterización de las violaciones a los derechos humanos cometidas por las fuerzas del orden, con el fin de evitar que se comentan acciones que no contribuyan a mejorar su accionar práctico frente a cualquier forma de subversión o terrorismo y a respetar la democracia y el Estado de Derecho. Entre los hallazgos encontrados sobre dichas vulneraciones, no solo se encuentra el incumplimiento de deberes jurídicos y morales que los agentes del Estado debían tener como guía en su accionar, sino también la poca relevancia práctica que tuvieron en la derrota de las organizaciones subversivas, toda vez que se postergó la ruptura entre Sendero Luminoso y los sectores más pobres del campesinado y no evitó la expansión de las acciones armadas a otras zonas del país.

3. ¿LA CVR SOBREESTIMO LA CIFRA DE VICTIMAS?

Se trata de otra premisa falsa. La Comisión estimó que la cifra más probable de víctimas fatales de la violencia fue de 69,280 personas, las cuales superan el número de pérdidas humanas de todas las guerras externas e internas sufridas por nuestro país durante toda su vida independiente. Inmediatamente, muchas voces expresaron su extrañeza o protesta, pues la cifra de víctimas manejada por la opinión pública hasta la salida del Informe Final fluctuaba entre 25,000 y 30,000 víctimas.

La cifra de 30,000 víctimas manejada comúnmente por la opinión pública fue producto del cálculo realizado por la Comisión Especial del Senado para la Pacificación, en 1988, basado sólo en las noticias periodísticas aparecidas sobre acciones terroristas o violaciones a los derechos humanos, el cual fue actualizado año tras año. Por tanto, esta cifra debía completarse.

Asimismo, debe tenerse en cuenta que, como producto de la pobreza y de la violencia más de 2 millones de peruanos se encuentran indocumentados, sea porque nunca fueron inscritos en el registro civil correspondiente, no obtuvieron el respectivo documento de identidad o los registros fueron destruidos por la acción de Sendero Luminoso. Tomando en cuenta que buena parte de las víctimas provinieron del sector más pobre y marginado de nuestra sociedad, era necesario tener un nuevo cálculo de muertos y desaparecidos durante los años de violencia.

Para realizar el nuevo cálculo, se tomaron en cuenta bases de datos recogidas por tres fuentes principales: la Defensoría del Pueblo, las organizaciones no gubernamentales de defensa de los derechos humanos y la propia Comisión de la Verdad y Reconciliación. Compatibilizando los datos que se obtuvieron de estas tres fuentes, se aplicó el método estadístico denominado Estimación de Múltiples Sistemas, que fuera utilizado para calcular el número de víctimas en los conflictos internos vividos en Guatemala (1954 – 1996) y Kosovo (1999).

El método de Estimación de Múltiples Sistemas consiste en analizar las relaciones entre los reportes de los mismos eventos que se superponen luego de varios proyectos de recolección de información, los cuales, en este caso, fueron las bases de datos de la CVR, de los organismos de defensa de los derechos humanos y de la Defensoría del Pueblo.

Más detalles sobre este tema, se pueden ver en la página FAQ Estadísticas CVR.

4. ¿LA CVR TUVO UN SESGO DE IZQUIERDA?

La composición de la CVR fue bastante plural. En efecto, tres ex parlamentarios de Izquierda Unida participaron en la Comisión, pero fueron llamados a la misma por sus calidades personales y profesionales. El resto de integrantes de la Comisión pertenecían a diversos sectores sociales y profesionales. La heterogeneidad del grupo de comisionados garantizaba un trabajo imparcial y que, además, podría nutrirse de diversos puntos de vista, sean personales o profesionales. El resultado está plasmado en el Informe Final.

Prueba de que las investigaciones de la CVR se desarrollaron con total independencia de criterio y sin contar con sesgos ideológicos es la sección dedicada a analizar la actuación de los partidos de izquierda durante los años del conflicto armado interno. Además de expresar su reconocimiento a las víctimas y autoridades pertenecientes a los partidos que conformaron la alianza Izquierda Unida, se hacen críticas importantes a su accionar. Para la Comisión, muchos de los partidos miembros de IU hicieron un deslinde ideológico insuficiente o tardío frente a las acciones de Sendero Luminoso y del MRTA, lo que los colocó en una situación difícil para luchar contra la ideología violenta de ambas agrupaciones. Asimismo, las denuncias sobre violaciones a los derechos humanos se concentraron en los actos cometidos por agentes del Estado y no en las ocasionadas por los grupos subversivos. Además, algunos sectores de la izquierda entendieron su participación en el Parlamento y en las Municipalidades como un mero instrumento destinado a demostrar las limitaciones de las instituciones democráticas, sin intentar fortalecerlas.

Puede mencionarse, además, como muestra de la independencia con la que la CVR hizo su trabajo las investigaciones sobre el caso Uchuraccay, en las que murieron 8 periodistas. En lo que se refiere a los hechos, la Comisión coincidió con las conclusiones a las que llegó el grupo de trabajo que investigó el tema en 1983, presidido por Mario Vargas Llosa: las muertes de los periodistas fueron a manos de los comuneros, quienes consideraban que los hombres de prensa eran integrantes o simpatizantes de Sendero Luminoso, no constatándose la presencia de miembros de las fuerzas del orden durante las horas que ocurrieron estos luctuosos hechos. Esta conclusión no coincide con la versión de los familiares de las víctimas y de un sector de la izquierda de la época, quienes sostenían que fueron miembros de las Fuerzas Armadas quienes asesinaron a los periodistas. Asimismo, la investigación rescata del olvido la persecución y crímenes de lesa humanidad a los que se vieron sometidos los comuneros de Uchuraccay por parte de Sendero Luminoso, durante los meses posteriores a la masacre. Y al mismo tiempo, se señala que la interpretación antropológica y sociológica que la comisión Vargas Llosa dio a estos hechos no era precisa para explicar lo ocurrido.

5. ¿POR QUE UN MUSEO DE LA MEMORIA CUANDO AUN NO ACABA EL CONFLICTO EN EL VRAE?

Para comenzar, los miembros de la Comisión de Alto Nivel han precisado que la palabra “museo” no es la más adecuada para precisar lo que tendremos en Miraflores. El término “espacio de memoria”, que no solo comprende a la muestra fotográfica Yuyanapaq, sino otros elementos, como un centro de investigación y espacios de discusión, es más exacto para definir los alcances del proyecto.

En cuanto a lo segundo, Vargas Llosa se lo expresó así a El Comercio:
Esperemos que varias de las dudas puedan quedar aclaradas al respecto.
¿La creación del museo de la memoria (MM) no es un poco apresurada? Se señala como argumento que aún hay terrorismo en nuestro país.
Me temo que si esperáramos que termine totalmente la violencia nos moriríamos antes de viejos. La violencia está ahí, no la vamos a erradicar de la noche a la mañana. La razón de ser del MM es apresurar el cese de la violencia gracias a una presión de la sociedad civil, de la opinión pública peruana, de una conciencia nacional de que hay que acabar con la violencia política y social si queremos realmente despegar y ser un país moderno donde funcione la ley y haya justicia. Es una de las razones para construir el MM. No se trata de una institución arqueológica para resguardar la memoria de un pasado. Es algo más complejo, más actual, más rico. A partir de la experiencia trágica del terrorismo de los años 80 se busca construir una defensa intelectual, política, moral contra la violencia, que tiene una larguísima tradición en el Perú.

¿El museo de la memoria la va a detener, va a amainar lo que pasa en el VRAE, por ejemplo?
Creo que va a contribuir. Si funciona como queremos, de manera objetiva, no sesgada, imparcial y con una voluntad creativa, puede contribuir muchísimo a que las nuevas generaciones cobren conciencia de que la violencia política es la fuente de los peores estragos para el país.

MUSEO DE LA MEMORIA: PRIMEROS AVANCES


17 de diciembre de 2009

Del blog de Gonzalo Gamio Gehri

Ayer, la municipalidad de Miraflores entregó oficialmente el terreno en el que se construirá – gracias a una donación del gobierno alemán – el Museo de la Memoria. Participaron en la ceremonia el Presidente de la República, el escritor Mario Vargas Llosa, el ex Presidente de la CVR, Salomón Lerner, el ex Secretario General de la ONU, Javier Pérez de Cuellar, entre otros. Como es natural, el evento se realizó en medio de la polémica que este proyecto ha suscitado. Miembros del Poder Ejecutivo, personajes vinculados a la jerarquía militar, periodistas de los medios conservadores, así como diferentes personalidades del mundo de la política y autoridades sociales que ejercieron cargos de responsabilidad en los años del conflicto armado interno, se han mostrado incómodos y hasta hostiles frente a la idea misma de un museo que contribuya a la reconstrucción narrativa y discusión del proceso de violencia vivido, para reflexionar y tomar medidas de no repetición.

En el centro mismo de la polémica - en el contexto de una ceremonia en la Escuela de Oficiales del Ejército - el ministro Rey insistió en su improvisada e infundada tesis de que la CVR sostuvo que la población civil estaba en medio de dos fuerzas virulentas y sanguinarias. La República reseña sus declaraciones de la siguiente manera:
“Esas fuerzas del orden no fueron ni son un bando, hay que honrarlas, y espero que esa verdad sea la que se refleje en el museo que van a construir", dijo el ministro en alusión al edificio que se levantará en el distrito capitalino de Miraflores.

En opinión del Ministro de Defensa, la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), que investigó esa época de violencia, cometió un error "al sostener que lo que hubo en Perú durante el combate al terrorismo fue un enfrentamiento entre dos bandos, igualmente malos y genocidas".
Como se sabe, estas insinuaciones no tienen que ver con lo que el Informe realmente dice, en la versión extensa o en la versión abreviada. Pero ya sabemos que, para algunos “críticos”, la verdad es lo de menos. Se trata solamente de generar una imagen falsa del documento, que pueda ser útil para los intereses que representan. El propio Vargas Llosa ha señalado que es evidente que la mayoría de estos singularmente extraños seguidores de Catón ni siquiera se han tomado el trabajo de leer el texto:
“Este hecho, la responsabilidad del terrorismo de Sendero, el MRTA y otros grupúsculos fanáticos, en la tragedia que vivió el Perú en aquellos años, quedó probado hasta la saciedad en la investigación, muy injustamente criticada, que llevó a cabo la Comisión de la Verdad que presidió el doctor Salomón Lerner y que muchos de cuyos objetores –dicho sea de paso – no se han preocupado siquiera de leer.”
Es preciso señalar lo siguiente. El Informe Final de la CVR fue elaborado por una Comisión creada por el Estado para cumplir con una misión encomendada por el Estado peruano. Allí está el documento, para ser estudiado y discutido; se trata de una investigación interdisciplinaria y rigurosa sobre la violencia y la desigualdad en el Perú en las últimas dos décadas. El ciudadano Rey tiene, por supuesto, el derecho a no leer el texto, tiene el derecho incluso a asumir - lamentablemente - sus pre-suposiciones como 'evidencias' (aunque sean infundadas, y le impidan juzgar legítimamente el Informe, vale decir, con algún conocimiento de causa). Sin embargo, considero que el ministro Rey tiene el deber de conocer el documento - como material de trabajo y de discusión -, ya que, como ministro de Estado, tendría que estar enterado de los argumentos y material probatorio de una investigación encargada por el Estado cuyo contenido está relacionado con su sector. La desinformación en la materia no sería justificable desde ningún punto de vista. Sus declaraciones sólo revelan desinformación y prejuicio.

Pero volvamos al tema del post, el Museo de la Memoria. El Museo busca convertirse en un lugar de meditación y diálogo en torno a la historia vivida, pero también acerca de las posibilidades de una cultura de paz en el Perú. Pretende convertirse en un espacio para la construcción de ciudadanía. Un espacio para la conversación cívica, y para llamar las cosas por su nombre. Reconocer el heroísmo de quienes ofrecieron la vida defendiendo a la sociedad y cumpliendo la ley, reconocer la entraña vesánica y fanática de los grupos terroristas que le declararon la guerra al Estado, pero también reconocer que algunos uniformados violaron los Derechos Humanos. Recuperar críticamente la memoria y purificar nuestras instituciones contribuirá a fortalecer nuestra democracia. El Museo procurará ofrecer una mirada amplia sobre el pasado y el futuro de la cultura de los Derechos Humanos en el Perú. Una mirada amplia, no "neutral", una perspectiva veraz y rigurosa sobre lo ocurrido que ponga de manifiesto un compromiso ético y social con las víctimas.

Vargas Llosa plantea acertadamente la reflexión en términos del discernimiento sobre el valor de los medios y los fines. Los subversivos creían delirantemente que el logro de su dogmática utopía justificaba la muerte de miles de peruanos (la insana “cuota de sangre” de su discurso); algunos malos elementos de las fuerzas del orden – no las instituciones – consideraban que el fin de la pacificación legitimaba la represión indiscriminada y el crimen (el tiempo se encargó de refutarlos: lo que derrotó al terrorismo fueron las acciones de inteligencia y el trabajo con la población, a partir de la última etapa del primer gobierno de García). Al respecto, el autor de La Guerra del fin del mundo dijo al respecto lo siguiente:
“Es verdad que, en la lucha contra el terror, se cometieron crímenes intolerables contra los derechos humanos que un Estado de Derecho y una conciencia democrática no pueden excusar ni silenciar. Ocurrió porque ni nuestra sociedad ni nuestras instituciones estaban preparadas para librar una guerra tan feroz y tan cruel como la que desataron los terroristas y porque una larga tradición de dictaduras hizo creer a algunos insensatos que el arma más eficaz contra el terror revolucionario es el terror de Estado. No es así. El fin no justifica los medios. Confiamos en que las salas de exhibición y de estudio del Museo sirvan para mostrar, como decía Albert Camus, que en una verdadera sociedad libre son los medios los que justifican los fines y no al revés.”
Creo que en este punto Vargas Llosa da en el clavo. Tanto los terroristas como quienes - en el otro lado del espectro político - predican la impunidad y el silencio frente a los crímenes de lesa humanidad perpetrados por agentes del Estado consideran que ‘el fin justifica los medios’. Algunos políticos y periodistas creen erróneamente que, si las fuerzas del orden defendían al Estado, entonces el crimen cometido por algunos de sus elementos “no es de lesa humanidad” (¿?). Ese tipo de pensamiento es conceptualmente escuálido, además de cínico y potencialmente deshumanizador, pues plantea una inaceptable condescendencia con la violencia, que curiosamente acerca a sus suscriptores a aquellos que invocaban el terror en nombre de una concepción fundamentalista de la (supuesta) “justicia social”. Tenemos que romper de una vez por todas con ese funesto esquema de pensamiento.

Precisamente, el Museo está pensado para promover esta clase de discusión.

¿Quién impide la reconciliación?

El Comercio
30 de agosto de 2008
Por Hugo Guerra

Democrático lector, cuando se cumplen cinco años del Informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) necesitamos reducir la pasión política y dar paso a la reflexión serena:

Entre 1980 y el 2000 muchos peruanos no solo nos pronunciamos contra el terrorismo y la represión indiscriminada, sino que incluso terminamos siendo víctimas circunstanciales de la guerra contrasubversiva.

En lo personal, propuse constituir una comisión de la verdad desde Santiago de Chile, en octubre del 2000, en el marco de la Asamblea Anual de la Sociedad Interamericana de Prensa. La intención era esclarecer lo ocurrido, pero bajo la premisa de un análisis imparcial y con mecanismos judiciales de perdón como se hizo en Sudáfrica para terminar con el Apartheid.

Bajo el toledismo, sin embargo, se constituyó una CVR cuya composición y método no fueron idóneos tanto por el claro sesgo izquierdista de sus integrantes, como por un método que no permitió cerrar las heridas. Pese a ello, algunos de buena fe rendimos testimonio, y otros aportaron su conocimiento para esclarecer honestamente los hechos.

El informe final, aunque valioso en algunas partes, incurre en inequidades de análisis y consolida la denuncia permanente sin fin únicamente contra los miembros de las fuerzas del orden legítimas del Estado, mientras explica de manera condescendiente a la subversión.

Tengo el mayor respeto por personalidades como Salomón Lerner Febres y repudio las amenazas que se esbozan contra él. Pero repudio igualmente la cacería de brujas permanente contra quienes combatieron honestamente la barbarie terrorista, como en el caso del rescate en la residencia del embajador japonés.

Es intolerable que las recomendaciones de la CVR se pretendan vinculantes y sean usadas por la nueva izquierda extremista para desestabilizar a nuestras FF.AA. Por eso coincido con el ministro Ántero Flores-Aráoz y el general Edwin Donayre, respecto a que la institución castrense no puede ofrecer disculpa alguna. Rechazo, asimismo, que jueces incompetentes de la Corte Interamericana pretendan que la nación peruana se humille ante los terroristas genocidas.

Entre tanto, tampoco es permisible que se reabran mañosamente casos ya esclarecidos como el del sofocamiento de la rebelión senderista en El Frontón para jaquear al presidente Alan García y al vicepresidente Luis Giampietri, siguiendo el plan desestabilizador de pedir su revocatoria y dar paso al caos político.

En cuanto a las reparaciones, hubo graves errores no revisados, como financiar la patraña ya esclarecida de la falsa torturada Leonor La Rosa. Y alentar absurdas expectativas de más de 10 mil supuestas víctimas de la violencia es mantener las heridas abiertas y dar base política a quienes han hecho un negocio personal de la defensa de los derechos humanos.

Es cierto, finalmente, que algunos desaforados fujimoristas buscan provecho de esta crisis, pero no se confunda, buen lector: quienes oportunamente nos enfrentamos a la autocracia, hoy solo pretendemos la defensa del Estado constitucional y eso pasa por no dejarse amedrentar por la propaganda de los senderistas y emerretistas, quienes jamás se arrepintieron por sus crímenes de lesa humanidad.

El triunfo de Piñera

César Hildebrandt
La Primera

Hoy en Chile ganará Sebastián Piñera y como que así las cosas volverán a la normalidad.

O sea que la derecha volverá a gobernar sin necesidad de intermediarios.

Porque esto de la Concertación era como una transición pasmada, un episodio que duró demasiado, un espejismo centrista que parece haber llegado al confín de sus posibilidades.

En algún sentido resulta que la derecha nunca se ausentó del todo. El inquilinato de veinte años de la Concertación jamás la incomodó demasiado. Los sobresaltos vinieron de un poder judicial que sacó la cara por la decencia, no de un poder político que vistió con resignación la camisa de fuerza de la constitución de Pinochet.

Piñera es el resumen de la historia de Chile. Y en esa historia lo que ha prevalecido es un conservadurismo armado y a ratos sanguinario.

Algunos creen que Pinochet fue la excepción que manchó un pasado pulquérrimo de las Fuerzas Armadas.

Eso no es cierto. Pinochet resucitó a la vieja bestia reaccionaria de 1891.

Ese año, una fracción importante del ejército y la marina se sublevó en contra del gobierno de José Manuel Balmaceda, que se había convertido en dictadura a raíz del sabotaje oligárquico planteado por el Congreso, el que se negó a aprobar el presupuesto general de la República.

Hubo excesos por ambas partes en una guerra interna librada alrededor de los intereses del salitre –Balmaceda estaba en contra del enclave británico que reinaba en aquel norte arrebatado al Perú y Bolivia-, pero lo cierto es que los partidarios de Balmaceda fueron masacrados de un modo que es difícil de describir.

Los generales balmacedistas Orozimbo Barbosa y José Miguel Alcérreca fueron descuartizados en público por los triunfantes militares insurrectos.

Chile volvió aquel año a la normalidad que volvería a padecer en 1973.

Pero entre 1891 y 1973 –entre dos de los más honorables suicidios de la política latinoamericana: el de Balmaceda en la embajada argentina, el de Allende en el aerobombardeado palacio presidencial- la política chilena, siempre aliada de los militares, mostró su apego a los intereses más reaccionarios y más abiertamente plutocráticos.

Todos recordamos que en 1907, en Iquique, el general chileno Roberto Silva Renard ordenó abrir fuego sobre miles de obreros salitreros y sus familias, quienes se habían refugiado en la escuela Domingo de Santa María. En la montaña de cadáveres que la matanza produjo hubo también cuerpos de obreros peruanos y bolivianos que pedían salarios justos y pagados con dinero y no con las fichas que la compañía inglesa entregaba para que fueran canjeadas por comida o bienes de sus almacenes.

Como lo ha recordado el escritor chileno Máximo Kisnat en un reciente artículo, en 1925, en la Pampa del Tamarugal, “nuestro glorioso Ejército asesinó a unos dos mil quinientos obreros...que querían cobrar sus salarios con dinero de verdad que les permitiera comprar en cualquier parte y no sólo en las pulperías de la compañía (inglesa, por supuesto)...”

Kisnat también rememora la represalia feroz que, en 1957, ordenó perpetrar en contra de estudiantes y obreros el gobierno del general Carlos Ibáñez del Campo, apodado “El Caballo”.

“No sabemos el número de muertos, especialmente por los asesinados en el Cerro de Santa Lucía que luego fueron hechos desaparecer”, dice Kisnat. Y añade:

“La batalla de Santiago (la de 1957) fue una de las 55 masacres perpetradas en el siglo XX...sin considerar el genocidio llevado a cabo por la dictadura de Pinochet...”.

La señora Bachelet era en muchos sentidos rehén de los uniformados. La historia de Chile, en general, parece secuestrada por la indestructible alianza de una derecha que no duda en derramar sangre y unos militares que no vacilan en disparar en nombre de los grandes privilegios.

De modo que para qué tanta simulación. Con Piñera al mando –o con un Frei empujado a imitarlo en el caso de ganar- la derecha chilena regresa al poder más insolente, amnésica y amenazante que nunca. Sin interpósita persona.

Que el Perú se cuide más que nunca.

LA AGENDA DE DERECHOS HUMANOS, IZQUIERDAS Y DERECHAS

sábado 12 de diciembre de 2009


COMENTARIOS A UN ARTÍCULO DE AUGUSTO ÁLVAREZ RODRICH

Gonzalo Gamio Gehri
Del Blog de Gonzalo Gamio

Esta semana se cumplieron treinta años de la existencia de las organizaciones de Derechos Humanos en el Perú. Augusto Álvarez Rodrich dedicó a esta fecha un acerado y persuasivo artículo, en el que valora el trabajo realizado por estas instituciones – en tiempos en los que el ‘lenguaje de los Derechos Humanos´ era prácticamente contracultural en el país, pese a que la declaración tiene vigencia desde fines de los cuarenta -, a la vez que señala algunos desafíos importantes. El primero de ellos, promover estos principios como parte de una cultura moral que eche raíces entre nosotros. El segundo, lograr separar, ante la opinión pública, la agenda de Derechos Humanos del ideario y programa de las izquierdas.

“La agenda futura del movimiento debiera ocuparse de un aspecto clave: lograr que el concepto de la defensa de los derechos humanos sea mejor comprendido, extendido y arraigado en la población. El apoyo que se observa en estos días a la denunciada existencia de un escuadrón policial para liquidar delincuentes es una expresión del déficit en este terreno.

Un avance en esa dirección requiere que la defensa de los derechos humanos se desvincule de una corriente ideológica específica –usualmente la izquierda– pues esto constituye una actitud vital de respeto a la condición humana de todos que absolutamente todos deben interiorizar.”

Estoy de acuerdo. Se trata de tesis que han sido discutidas en este blog. Los Derechos Humanos son originalmente una construcción liberal que buscan convertirse exitosamente en foco de un consenso intercultural. Son la expresión de un universalismo moral que se traduce en una “ética de mínimos”, que en gran medida la declaración de 1948. Cualquier tienda política tendría que considerar esta ética mínima como razonable, garante de una convivencia humana sana. Es patrimonio de todas las personas, y constituye una parte fundamental del ideario democrático general, por así decirlo. La estigmatización ideológica de los Derechos Humanos por parte de la prensa ultraconservadora y fujimorista - por razones de cálculo político o simple manipulación - es un signo de atraso y de miopía intelectual y espiritual. Una derecha moderna y responsable tendría que valorar la cultura de los Derechos Humanos. Lo que Álvarez Rodrich no se pregunta en su nota es porqué nuestra derecha no los valora como horizonte de reflexión y compromiso, porqué sólo se ha interesado por el aspecto económico del liberalismo, y no por su núcleo moral y político. Sabemos que en la práctica nuestra derecha es autoritaria. Ya sea por convicción, por costumbre, o por interés (por supuesto, también tenemos amplios sectores de la izquierda que son retrógrados y autoritarios, qué duda cabe).

Álvarez Rodrich tiene toda la razón cuando afirma que los promotores de los Derechos Humanos en la sociedad civil deben desmontar el mito de la vinculación de su agenda con los escenarios políticos de la izquierda, pero debería llamarle la atención la desidia y la hostilidad de la derecha frente a esta agenda, que ha cedido con gusto a sus “rivales ideológicos”. Ha renunciado sin rubor a ese importante espacio ético-político, esa constelación de problemas, ese lenguaje ¿Por Qué? El jurista Ricardo Vásquez Kunze – un escritor de derecha, sin duda – lo ha señalado agudamente hace un tiempo:

“Más allá de que, según la doctrina de los DD.HH., todos los hombres, sin excepción, tienen esos derechos, es sorprendente cómo la “derecha” le pide a la “izquierda” que se manifieste sobre casos en los que, según aquella, sus ONG no han hecho tanto bochinche como en otros. Es decir, la “derecha” le reconoce a la “izquierda” la autoridad moral sobre la materia de derechos humanos y, por eso, le exige pronunciarse.Y la pregunta es entonces: ¿por qué no hay ONG de DD.HH. de “derecha”? ¿Por qué no hay un Aldo Mariátegui en vez de un Soberón o una Alcorta por una Gloria Cano? Lo cierto es que no habría ninguna razón histórica para que ello no fuera así. No olvidemos que los DD.HH. fueron la bandera ética, heredada del liberal Carter, con la que los conservadores Reagan y Thatcher pusieron en jaque al comunismo. Mientras que, aquí, la izquierda marxista motejaba a los DD.HH. de “instrumento ideológico de la burguesía reaccionaria”.

Más allá de los irónicos ejemplos de Vásquez Kunze (y de algunos juicios suyos sobre Tatcher y Reagan, que yo sin duda discutiría), concuerdo con esta tesis: no existe ninguna razón histórica para este silencio. La razón está asociada a la "precariedad democrática" de nuestra derecha tradicional. El desdén que la derecha ideológica peruana profesa por los Derechos Humanos debe leerse en clave política. Si el tema de veras les resultara de algún interés, entonces – estoy parafraseando al autor – deberían ponerse a trabajar en esta dirección. Pero a esta derecha antiliberal el universalismo moral no la ha tocado. Una prueba más de que nuestra escena política requiere de una profunda renovación, particularmente en el terreno del pensamiento.

CHILE: LA ELECCION QUE SE VIENE



11 de diciembre de 2009

Blog Desde el Tercer Piso
Escrito por: Jose Alejandro Godoy

Este domingo, los chilenos elegirán nuevo presidente entre cuatro candidatos: Sebastían Piñera, Eduardo Frei Ruiz - Tagle, Marco Enriquez - Ominami y Jorge Arrarte. El panorama apunta a que Piñera, líder de una coalición de centro - derecha - pase a segunda vuelta de todas maneras. Arrarte es el que menos opción tiene, por lo que la disputa está en si Frei o Enriquez - Ominami disputan la segunda vuelta. Veamos las claves más importantes de la elección chilena.

EL ESCENARIO:

Quienes lo ponen claro son los amigos de la BBC:
En cuatro gobiernos consecutivos, la Concertación puede mostrar logros tangibles al electorado, como la reducción de la pobreza de 45 a 11%, ritmos de crecimiento económico que promedian un 5% en las dos décadas, una vigorosa inserción internacional con más de 30 tratados de libre comercio con los más importantes mercados, una inflación controlada, niveles aceptables de desempleo, ahorro interno y reservas internacionales que superan los US$40.000 millones.

Pero dos décadas de gobiernos de centroizquierda también tienen su lado oscuro. Chile sigue siendo un país desigual. Los ingresos del 10% de los chilenos más ricos supera 31,3 veces los del 10% más pobre. En el 80% de los hogares del Gran Santiago los ingresos no son suficientes para cubrir los gastos, por lo que recurren al crédito formal o informal, según datos oficiales.

Pero el mayor déficit de la Concertación ha sido quizá su incapacidad de perfeccionar el sistema democrático, con el mantenimiento de un sistema electoral binominal que sólo da espacio a grandes bloques. Estos factores han generado una creciente desafección de la ciudadanía con la actividad política.
Todo esto ha generado un importante desgaste en la Concertación, coalición gobernante durante casi 20 años. A ello se suma la falta de renovación de figuras, problemas de gestión - el Transantiago y la huelga de estudiantes fueron altos costos iniciales para Michelle Bachelet - y el paso natural del tiempo.

LOS TEMAS EN DEBATE

El gran tema, como aquí en el 2006, ha sido la inclusión. Dadas las desigualdades existentes en Chile, los candidatos se han centrado en como mejorar los temas de empleo, salud, educación, trato a grupos vulnerables de la población. Los candidatos Piñera y Frei no han propuesto grandes reformas políticas y económicas, frente a una reforma tributaria propuesta por Marco Enriquez - Ominami y a una reforma constitucional completa que es la bandera principal de Arrarte.

El tema derechos humanos solo ha salido en dos momentos: cuando se comentó que Piñera había tenido una reunión con militares en la que prometió concluir los procesos judiciales lo más pronto posible y, esta semana, al descubirse que el padre del candidato Frei, el ex presidente Eduardo Frei Montalva, fue asesinado en 1982, producto de un envenenamiento en el quirófano a manos de personas vinculadas con la dictadura de Augusto Pinochet.

EL TEMA PERU

No ha estado muy presente en la campaña. Pero Caretas ha comentado algunas cosas sobre lo que ven en Palacio de Gobierno sobre lo que puede pasar con las relaciones bilaterales con la elección:
La elección se observa con mucho interés desde el Perú. Las opiniones están divididas, pero en el nivel más alto del gobierno consideran que la relación bilateral se verá deteriorada si gana Frei. El senador y ex presidente suele recordar que durante su gobierno, en 1999, firmó con Alberto Fujimori el acta para ejecutar las cláusulas pendientes de 1929. Al parecer, considera casi una traición personal la presentación de la demanda de límites marítimos ante la Corte de La Haya, pues solía venderse a sí mismo como el que cerró las contingencias faltantes con el Perú

En la cúpula del Ejecutivo confían más bien que Piñera es el que representa una oportunidad de pragmatismo y nuevos vientos. En el mejor estilo de las “cuerdas separadas”, Piñera ha insistido en diferenciar la “agenda del pasado” de la “agenda del futuro” que debe primar con el Perú.

En cambio, otro diplomático conocedor del terreno alerta que la derechista Alianza que aúpa a Piñera aloja posiciones peligrosamente divergentes y, en algunos casos, de extrema derecha. Agrupaciones como la Unión Demócrata Independiente (UDI) y Renovación Nacional (RN) destacan entre las últimas. Y a pesar de lo que su inmensa fortuna podría hacer creer, Piñera proviene de una familia de clase media que militó en la Democracia Cristiana de Frei y cuando entre 1990 y 1998 fue senador por RN representó al ala que se distanció del legado de Pinochet.

La misma voz sostiene que la Concertación tiene en cambio un coro de voces más capaz de alcanzar consensos racionales.
Debo añadir las posiciones de los otros dos candidatos. Mientras Enriquez - Ominami no ha tenido una posición marcada sobre el tema de los límites marítimos, Arrarte ha sido quien más ha atacado al presidente García, por considerar que el tema del espionaje fue una aprovechamiento de su parte. Pero el gobierno de Chile ha reconocido esta semana la existencia de dos enlaces con Víctor Ariza.

FORTALEZAS Y DEBILIDADES DE LOS CANDIDATOS

SEBASTIAN PIÑERA:

Ventajas: Ha hecho una campaña centrada en las propuestas sobre desigualdad y ha insistido en los puntos más débiles de la gestión de la Concertación. Tiene también como ventaja que aglutinó a la centroderecha chilena, que no va dividida como en otras elecciones. Y representa una imagen de cambio, palabra mentada por todos a lo largo de esta campaña.

Desventajas: Sus pronunciamientos controvertidos sobre derechos humanos, así como el carácter conservador de los dos partidos grandes que lo apoyan son su principal ancla para no ganar en primera vuelta. Piñera tiene que salir a aclarar frecuentemente que fue de los primeros personajes en deslindar con el pinochetismo. El tema es que no toda la derecha chilena lo ha hecho. A ello se suman sus vinculaciones empresariales, a lo que Piñera ha respondido que pondrá toda su fortuna en un fideicomiso manejado en el extranjero.

EDUARDO FREI RUIZ - TAGLE

Ventajas: Los éxitos de los gobiernos concertacionistas son su principal carta, además de sus propuestas para acentuar políticas sociales que ya vienen presentándose en la gestión de Bachelet.

Desventajas: El haber sido el presidente más opaco de los cuatro de la Concertación, tanto en carisma como en resultados, ha supuesto su principal dificultad. A ello se suma la falta de renovación de la coalición gobernante. Bachelet no ha sido capaz de endosarle votos a Frei.

MARCO ENRIQUEZ - OMINAMI

Ventajas: Juventud, carisma y el intento más efectivo de una renovación de la centro izquierda chilena. A ello se suma la audacia en los debates presidenciales, al cuestionar a los dos candidatos principales. También influye el hecho de ser un defensor en temas de derechos humanos.

Desventajas: No contar con una organización suficientemente estructurada y la inexperiencia asociada a su edad (36 años) le podrían impedir pasar a segunda vuelta, de acuerdo con las últimas encuestas. Estar a favor de una salida al mar para Bolivia, tema sensible en Chile, también le ha restado votos.

JORGE ARRATE

Ventajas: Se trata de una figura pública respetada en Chile por sus pasos ministeriales en la Concertación y su honestidad.

Desventajas: Juntos Podemos Mas, la coalición de partidos de izquierda extraparlamentaria que lidera, no tiene opciones reales de llegar al gobierno. Sus propuestas a favor de un rol más interventor del Estado en economía no terminan de convencer a los chilenos.

MAS SOBRE EL TEMA:
CNN Chile: 40% de chilenos aún no deciden su voto
Carlos Melendez: Frei vs. Enriquez - Ominami